El número 7

La magia del número siete: Las sensaciones septenales

Parece mágico pero no lo es. El número siete nos persigue por donde quiera que transitemos. No sólo es distinto, sino que tiene un privilegio mayor a los otros nueve que forman nuestra numeración.
Tiene cierto halo que lo hace popular, que encanta o subyuga por su historia.
Desde los cazadores centroeuropeos hace treinta mil años, que conocían las fases lunares de siete días, grabados en huesos de reno y mamut (Alex.Marshack), desde los caldeos hace seis mil años que difundieron los siete astros visibles desde la Tierra a simple vista: Sol, Mercurio, Venus, Luna, Marte, Júpiter y Saturno, desde hace cinco mil años los judíos  crearon la semana de siete días y los honraron con su candelabro de siete brazos. Desde esos mojones se nos impuso el destino de considerar sensaciones en grupos de siete.
                 
Fases lunares grabadas hace 30.000 años. Primeros documentos. Candelabro judío. Dios Neptuno

Siete son los colores del arco iris según Newton, siete las notas musicales, siete las fases lunares, siete períodos hay en la Tabla Periódica de los Elementos Químicos (Mendeleiev), siete son los estados del Cosmos (Vasiliev). En Astrología el 7 tiene el podio máximo: 7 son los astros, 7 son los aspectos, 7 días tiene cada fase lunar, Urano que es el símbolo de la Astrología es el séptimo planeta, cada 7 años cambian las edades humanas (Hipócrates), el 7 como número vital (Pitágoras), 7 es el número del tiempo (Platón). Pero la lista es mucho más larga, No es casualidad que yo lo haya elegido como base para mi sistema PROLUNA. Además el 7 es el número supremo de la Cábala Judía.

Este efecto del ‘número mágico 7’, como se conoce en procesamiento de información humana, muestra el límite sobre la cantidad de números u objetos que pueden ser manejados simultáneamente por el cerebro. Parece que el siete nos rige inexorablemente muchísimo más que el 1, el 4, el 10 o el 12, bastantes populares pero varios cuerpos más atrás del caballo ganador. Lo cierto es que nos sentimos muy atraídos por este número mágico.

Me llamó la atención que el 7 sea el número de sensaciones en cada uno de nuestros sentidos. Hay sentidos no considerados como tales, como el llamado “sexto sentido” del instinto rudimentario, la videncia laica, la profecía religiosa y la predicción astrológica. Otros sentidos no considerados son las sensaciones de temperatura o del peso, que no se captan por el tacto, de las vibraciones ultrasónicas, de las radiaciones minerales, de las radiaciones  humanas de energía tipo Kirlian, etc.

Sensaciones septenales: Colores, olores, sabores, notas y texturas

Estas son las 35 sensaciones más aceptadas por el ser humano:
1- Siete colores ordenados por el arco iris: rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, añil y violeta.
2- Siete notas ordenados por su timbre: Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si.
3- Siete sabores al azar: dulce, ácido, alcalino, amargo, salado, agrio, picante.
4- Siete texturas al azar: liso, blando, suave, aterciopelado, duro, áspero, rugoso. 
5- Siete olores al azar: alcanfor (naftalina), almizcle (feromona sexual y de la perfumería), flores, menta, éter (barniz uñas), acre (limón, vinagre), podrido.

Las dos primeras clases de sensaciones están ordenadas por el arco iris y por la altura de su timbre, pero la pregunta que nos surge es ¿cómo ordenar estas tres últimas clases de sensaciones, para que se ordenen como  las dos primeras? De esa nivelación de clases de sensaciones debería surgir la fórmula que aclare el porqué de la preferencia del número siete sobre los demás.
Con estas siete sensaciones básicas se pueden hacer millones de combinaciones, como sucede hoy con los colores en Informática o con las notas musicales. Pero no por azar esos millones de combinaciones han sido agrupados en número de siete. Hay algo que se nos escapa racionalmente que podemos resolver por el sistema analógico de la Astrología.

Reducción de lo conocido a lo desconocido

Tenemos varios órdenes septenales que pueden ayudarnos.
Un orden son las cualidades de los 7 días de la semana, las cuales ya vimos en otra nota: lunes alunados, martes agresivos, miércoles pensados, jueves financieros, viernes sociales, sábados estresados y domingos brillantes.
Otro orden desarrollado desde hace miles de años, es el de los siete planetas: sol poderoso, mercurio intelectual, venus estético, luna maternal, marte impulsivo, júpiter expansivo y saturno contraído.
El orden de los colores hace recordar el orden de los signos, aunque los colores sean 7 y los signos 12. El primer color es el rojo y al primer signo Aries se le asigna el rojo. El último color es el violeta y al último signo Piscis se le asigna el color azul marino, que en el arco iris se funde con el azul del cielo.
El orden musical nos indica una progresión del timbre más grave al más agudo de cada nota.

De los colores deducimos una progresión de lo vital (rojo) a lo moribundo (violeta).
De la escala musical deducimos progresión de ondas sonoras agradables a estridentes o desagradables.
Si consideramos de lunes a Domingo, deducimos una progresión de un estado abotagado a un estado exitoso, pero si lo hacemos de Domingo a Sábado, la progresión es de brillante y vital a complicado y decadente.
          
Pero la respuesta es otra

Si es que hay una Unidad Universal, hay un destino. Y si es que hay un destino, la preferencia por un tipo de agrupación que por otro es compulsivo. La idea más amplia que encaja es la era astrológica, el ciclo mayor más práctico en Astrología Mundial. Una era es una Cultura que impone una visión de las cosas, distinta de las otras once que deducimos del significado de los signos astrológicos.

Nuestra era actual es Piscis (0-2100), signo humanista y maleable, desde el año 0 hasta el 2100, que será seguida por la era Acuario (2100-4200). Piscis es un signo finalista porque ocupa el último lugar del zodíaco y su planeta regente es Neptuno, también un planeta finalista por estar en el extremo opuesto al vital Sol. Neptuno era el dios griego del mar, el elemento finalista en los elementos, el menos definible de ellos. El tridente que sostiene, sugiere un anzuelo, un gancho, el engaño, sufrimiento, dolor. La cultura cristiana comienza con el anuncio mesiánico del fin del “ojo por ojo” ariano y el inicio de una nueva filosofía pisciana: ofrece tu otra mejilla al agresor…

No nos extrañemos entonces que vivamos en una cultura auto punitiva, morbosa, tolerante y resignada. Llena de vicios y debilitada por epidemias y catástrofes, tal como la última etapa de la ancianidad. Su parte positiva es que al igual que en la ancianidad, cuando se acumula el máximo de experiencias y sabiduría, la actual cultura nos ha aportado la máxima omniciencia de la historia.

El dios Neptuno y su tridente. Los colectivistas peces. El liquido del saber de Acuario. El aguatero integrador. 

La amenaza mayor ya pasó

Por suerte para la vida, vivimos en un planeta levógiro (Tierra, Urano y Venus son levógiros, los demás son dextrógiros). Es decir que el eje polar va apuntando a los signos al revés de las agujas del reloj. Esto significa que ya pasamos por el peor momento finalista del zodíaco y por el mayor peligro para la vida en el planeta. Es que fue en el año cero, al pasar del grado 29 de Aries al grado 0 de Piscis cuando todo pudo acabar en la Tierra. En aquel momento de la historia, el destino se expresó en concordancia al momento fatal con un símbolo de sufrimiento colectivo que fue la crucifixión de Jesús, el mesías que anunció esta vida bimilenaria de humildad, sufrimientos y sensorialidad.

Otro síntoma concordante con aquel posible final ominoso, fue que poco antes de Jesús desaparecieron tres sub- especies humanas: el Parantropus, el Pitecantropus y el Australopitecus. Sólo quedó la actual rama del Homo Sapiens ¿Porqué nos salvamos como con el gol de último minuto? La respuesta es que el signo del ciclo del eje polar que es doce veces mayor que la era, no es finalista, sino renaciente. El Gran Renacimiento que los historiadores desconocen fue que en el año cero comenzó la Civilización Sagitario, signo que es un nuevo impulso vital y no un final de drama shakespiriano. Antes del año Cero el hombre aún no reinaba sobre el Reino Animal, las fieras salvajes pululaban alrededor de toda ciudad, amurallada o no. Después del año Cero el Homo pobló todo rincón del globo, por más inhabitable que fuera y ahora se expande por el espacio exterior hacia los confines del sistema solar. 
         
Los Extinguidos Parantropus, Pitecantropus y Australopitecus y los benjamines Adán y Eva.

Esa vida sensorial en dos mil años fluctuó entre el amor supremo al prójimo (religiones con el máximo humanismo en varios milenios) y el odio máximo al prójimo (la enorme mayoría de guerras fueron religiosas). El hombre común fluctuó entre el extremo puritanismo religioso (celibato religioso, ayunos, puniciones, aislamientos monacales, edad media, inquisiciones) y un extremo sensorialismo (sexo degenerado,  drogadicción, vicios, extremos de riqueza-pobreza, decadencias sociales y políticas). Por suerte también, constaté un símbolo benéfico que nos salvó en el año cero de un final. Después de once años de preparación de mi libro “Las Tres Vidas de Cristo”, es real la constatación de que Jesús no murió en la cruz. Si hubiera muerto, la humanidad y posiblemente toda la vida en el planeta habría muerto hace ya 2009 años. La amenaza mayor ya pasó…

Ahora, el futuro de esta Humanidad será pasar de esta vida frágil, dogmática y emocional del finalista Piscis, a una vida  estable, elegante e integral del armónico Acuario.

Autor: B.Cristoff      

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