Hombre y Dios. La senda de la verdad.

Hombre y Dios. La senda de la verdad. Crecimiento espiritual. Estados de conciencia.

Para la consumación de la evolución humana y para que el hombre alcance su más alta meta, son necesarias la religión y la disciplina espiritual. La religión es el nexo entre el individuo y el universo, entre el individuo y Dios. Si ella no existiera, la vida se convertiría en un caos. Una vaca aislada en una ladera y que tuviera que cruzar hacia otra, de la que la separa un torrente, tendría necesidad de un puente para cruzarlo. Eso es lo que representa la religión. Entre la ladera de la vida individual y la región de lo Universal corre el crecido torrente de la naturaleza, con todas sus confusiones y complejidades. Resulta difícil descubrir de dónde proviene, cómo acumula toda esa turbulencia y, por último, dónde termina. Mas, afortunadamente, en cada comunidad humana hay constructores de puentes que ayudan a que la gente cruce.

Podemos tener más de un puente, pero el propósito de cada uno es el mismo. El puente levantado por los sabios y profetas de la India se conoce como la Antigua Sabiduría (Sanathana Dharma). Se le llama así porque es el eterno y perdurable puente basado en el intemporal cimiento de los Vedas, y puede ser usado confiadamente por todos, en todos los países y todos los tiempos. Por ello, se le llama a veces el puente védico o la senda védica, y también la senda aria. Todos los intentos por encontrar el rastro de aquellos que trazaron esta senda, han fracasado. Esta es la razón por la cual ellos, en su desesperación, han renunciado a la búsqueda y llegado a caracterizar a la senda como “no delineada” (akarta). Surgió el convencimiento de que no había intervenido la mano del hombre o, en otras palabras, que el Señor mismo fue quien la diseñó.

Todas las religiones y sendas espirituales que se han formulado a través de las edades son, en realidad, sagradas, porque a todas las han trazado mensajeros del Señor, elegidos por haber sido los hombres más adelantados. Buda, Jesucristo, Zoroastro, Mahoma… nombres como estos son conocidos en todo el mundo. Sus doctrinas, ideales y pensamientos llegaron a ser tan valederos para sus seguidores, que sus nombres acabaron por ser identificados con sus religiones.

En la época de Jesús, se creía que la religión ideal era el mensaje de Dios y, puesto que ese mensaje fue comunicado y difundido por él, se le dio también su nombre. Del mismo modo, también la religión budista fue denominada así debido a Buda, pues fue él quien la difundió e instruyó ala gente, en cuanto instrumento divino. Mahoma escuchó el mensaje de Dios y estableció doctrinas y disciplinas, y los que las siguen se identifican como pertenecientes al mahometismo. Por ello no resulta equivocado decir que todas las religiones son producto de los hombres más elevados espiritualmente y los mensajeros más ideales del Señor.

La inteligencia divina es universal y omniabarcante. La inteligencia humana está confinada dentro de estrechos límites. Su alcance es muy pobre. Las escrituras señalan sólo una meta, pero indican diferentes caminos para llegar a ella. Cada camino podría ser una religión definida, junto con sus doctrinas y disciplinas, y considerada diferente de las restantes. Ello haría que no fuera válido el declarar que Rama, Cristo, Zoroastro, Buda, Mahoma y otros son uno.

En la religión cristiana se enseña que los seres individuales fueron creados tal como son. Se dice que Alá hizo lo mismo. Incluso las religiones zoroastriana y budista describen la creación con trazos similares, pero la religión védica tiene una versión diferente. El individuo es tan eterno como Dios, es una chispa de Dios. Si no hubiera seres no habría Dios. Esto se enfatiza de manera especial en los Vedas. En tiempos recientes, los seguidores de otras religiones están reconociendo dicha verdad. La vida actual de cada uno es sólo un intervalo entre las vidas previas y las futuras; no es más que un paso hacia la próxima; eso indican los Vedas. Estos instruyen respecto de la relación entre los nacimientos previos y los futuros, y ninguna otra religión ha revelado tanto sobre este tema.

Otro punto. Entre los cuatro objetivos de la vida: Rectitud, Riqueza, Deseo y Liberación, muchas religiones describen la etapa de Liberación (moksha) de varios modos; cada una delinea alguna doctrina e insiste en la fe en ella. Esto hace que no haya acuerdo ni identidad entre las experiencias que describen. No obstante, la experiencia descripta por el hinduismo puede ser lograda por los seguidores de todas las religiones. Es posible que varias religiones alcancen acuerdo en cuanto a los detalles, mas la experiencia total no se expresa de igual modo. La razón es que la religión hindú, proveniente desde un tiempo inmemorial, es en realidad suprema. Los otros credos sólo se han basado en algunas de las doctrinas del hinduismo, que seleccionaron y desarrollaron según las tradiciones y culturas predominantes en sus propias regiones. Por tal motivo, hay verdades inherentes al credo hindú que aparecen a menudo en otros credos. El hinduismo y la cultura hindú han estado fluyendo como una corriente ininterrumpida.

En la religión hindú se han establecido rituales y ceremonias para que sean observados desde el amanecer hasta el atardecer, sin interrupción. Muchos son elaborados ritos (yajnas, yagas) y ofrendas sacrificiales a los poderes divinos. Y, no contentándose con los rituales y las ceremonias apropiadas para el desarrollo del bebé dentro del vientre, también se han establecido elaboradas disciplinas relacionadas con la muerte de la persona y su logro subsecuente de mundos superiores. Ninguna otra religión posee tantas y tan complejas normas de vida. Ello hace que no sea correcto declarar que todas las religiones son lo mismo. Lo que sí es probable, es que otras hayan adoptado algunas o muchas de estas reglas del hinduismo, ya que este ha puesto énfasis en ellas desde un comienzo.

Para poder llevar a cabo tan pesado programa de ritual, el hombre debe poseer fe, entendimiento y autocontrol. El Dharma es la raíz central del gran árbol de la religión. Es la fuente eterna de su fuerza, alimentada por las aguas de la fe; sus hojas y sus flores son la renunciación y las otras virtudes, y su fruto es la sabiduría.

Si hubiera alguna falla o interrupción en estas etapas de desarrollo, vale decir, si se omitiera siquiera una regla, el fruto de la sabiduría que el árbol produce se vería afectado adversamente.

Planes tan estrictos para el progreso espiritual se pueden encontrar únicamente en el hinduismo y en ningún otro credo, porque el hinduismo es el néctar que destilaron y prepararon los antiguos sabios, a partir de su propia y genuina experiencia. No es algo que se haya reunido de cosas que se encuentren en libros.

No es adecuado para nadie adoptar cualquier religión o código que le plazca porque crea que la vida es sólo cuestión de tres días y que, por lo tanto, requiere de moralidad y autocontrol. La vida, por el contrario, es un largo viaje a través del tiempo, y la religión les confiere paz para el presente y fortaleza para el futuro. Debemos tener la convicción de que, en el ahora, estamos viviendo las consecuencias de nuestras acciones en el pasado.

Es una gran fuente de paz que las personas estén contentas con sus condiciones actuales por el hecho de saber que ellas mismas fueron la causa y entender que si realiza obras buenas y meritorias en el presente, es posible que construyan un futuro feliz. Esto representa un estímulo. Sólo cuando la vida se adecua a estos lineamientos, pueden tomar su lugar en ella la moral y el autocontrol. Y el poder para adherirse a estos dos ideales reside en la fortaleza y el entusiasmo que nos da la religión.

No podemos determinar ni el origen ni el término de la religión, así como también resulta difícil señalar el origen y el fin del individuo. De acuerdo con el hinduismo, un individuo es intemporal, la vida presente no es sino la última de una serie originada por sus propios pensamientos y actos. No ha venido en este momento como resultado de la ira o la gracia de Dios; no son estas la causa de su existencia actual. Así lo declara la Antigua Sabiduría.

La religión no puede ser, en ningún momento, un asunto personal. No obstante, es posible afirmarlo, pues la fe de uno está enraizada en uno mismo y cada cual expresa esa fe en su propia conducta y acciones. Pero ¿hasta dónde es válida esta afirmación? No es correcto sostener, como mucha gente educada lo hace para su propia satisfacción, que no hay Dios o no hay religión o no hay casta (uarna). Encontramos a un gran número de personas proclamando que Dios no existe y declarando que las directivas establecidas en todas las religiones para guiar y sublimar nuestras actividades, no son sino supersticiones. Estas personas no son ignorantes, no carecen de educación. Cuando tales individuos tildan de superstición las creencias y las prácticas espirituales, ¿qué importancia debemos atribuirles a sus expresiones? Si tuvieran esta convicción en sus corazones, la sociedad no tendría de qué quejarse, pues no sufriría ningún daño. Lo malo es que no se detienen allí. Hay otros, por ejemplo, que se dejan dominar por bebidas intoxicantes como el vino. ¿Puede esto tratarse como un asunto personal? ¿Se sienten felices los demás ante ellos? Por muy enfáticamente que el problema se declare “personal”, este mal hábito sí afecta a la sociedad de varias maneras, tanto sutil como abiertamente; pese a todo, muestra sus nefastos efectos. Cuando las personas comunes son dominadas por estos malos hábitos, el peligro no es tan considerable, pero cuando caen en él las personas que han ganado un nombre en la sociedad, también el hombre común toma por el mismo mal camino.

Las obras de Vyasa y de Valmiki son muy antiguas. Estos escritos de edades pasadas se denominan, muy apropiadamente, Puranas. Pese a que han transcurrido siglos desde que vieron la luz, el tiempo ha sido impotente para afectarlos. Si hubiera sucedido de otro modo, no serían venerados ni buscados aún hoy por gente de todos los rincones del país, desde los Himalayas hasta Sethu. Los textos son tan frescos y actuales que no parece que el tiempo hubiera transcurrido para ellos. Aquel que desee bienaventuranza, en cualquier momento que así lo requiera, puede sumergirse en ellos.

El Código de Manú (Manu Dharma Shastra), es único; no tenemos, a lo largo de toda la historia, en ningún país, algún texto que se le compare. ¿Podría alguien crear un libro del mismo tipo en cualquier momento? Las doctrinas del credo hindú y los Shastras que las guardan como reliquias, no le rinden homenaje a las ciencias materiales. Por supuesto que estas progresan día a día, mas las teorías que un día exaltan son rechazadas al día siguiente y surgen otras nuevas para explicar el mismo fenómeno. Entonces, ¿cómo podrían las eternas y siempre válidas ciencias del espíritu honrar a las ciencias materiales? Los científicos de hoy llaman “fe ciega” a esta actitud y quieren que sea descartada. Pretenden que se examine cada hecho, subjetivo u objetivo, y que se lo someta a rigurosas comprobaciones. Se confunden al considerar esto como un camino independiente hacia el descubrimiento de la realidad. Esto no es correcto. No hay necesidad de cavar para poner al descubierto nuevas doctrinas. Todas las sendas y todos los principios se encuentran disponibles. Lo único a que debemos aspirar es al entendimiento.

De hecho, los filósofos’occidentales, desde Kant hasta Spencer, han profundizado sólo en algunas facetas de las escuelas de pensamiento Dvaita, Advaita y Visishtadvaita. Los hindúes han sondeado en estas materias desde hace mucho y reducido a doctrinas y principios su conocimiento.

Del libro ” La Senda de la Verdad ” Sathya Sai Baba

Claudio M. Dominguez
Acerca de Claudio M. Dominguez 11 Articles
Conferencista y escritor de numerosos libros relacionados a las terapias alternativas y la espiritualidad. Famoso por haber entrevistado a los más conocidos líderes espirituales. Conduce el programa de radio y televisión: 'Un mundo mejor'.
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