Es posible el contacto con los muertos, señala la iglesia católica

El 28 de noviembre de 1996, el periódico EL UNIVERSAL de México, al igual que la mayoría de la prensa en el mundo, reproducía la declaración que el Padre Gino CONCETTI, teólogo y comentarista del diario Vaticano L’OSSERVATORE ROMANO, hecho a la “Agence Nationale Stampa Associada” (ANSA) “NO ES IMPOSIBLE EL CONTACTO CON LOS MUERTOS, […]

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El 28 de noviembre de 1996, el periódico EL UNIVERSAL de México, al igual que la mayoría de la prensa en el mundo, reproducía la declaración que el Padre Gino CONCETTI, teólogo y comentarista del diario Vaticano L’OSSERVATORE ROMANO, hecho a la “Agence Nationale Stampa Associada” (ANSA)

“NO ES IMPOSIBLE EL CONTACTO CON LOS MUERTOS, SEÑALA LA IGLESIA CATÓLICA”

Roma, 27 de noviembre (ANSA).- Los “contactos”, las “comunicaciones” con el mundo de los muertos no son imposibles para la Iglesia Católica, aunque en este ámbito es necesario adoptar la máxima prudencia para no caer en la superstición, en la idolatría o en las trampas del diablo.

El problema del diálogo entre el más allá y la vida terrena, retomado hoy por el diario católico “Avvenire”, no sorprende a los teólogos.

“La Iglesia cree en la comunión de los santos, esto significa que es posible una comunicación entre los que viven en esta tierra y los que viven en un estado de reposo eterno, en el Paraíso o en el Purgatorio, explicó a ANSA el padre Gino Concetti, el teólogo del diario vaticano «L’Osservatore Romano».

El sentido de ciertos fenómenos escapa a una interpretación teológica.  También puede ser -señaló el padre Concetti- que Dios permita a nuestros seres queridos que nos envíen mensajes para guiarnos en ciertos momentos de nuestra vida”.

“Bajo el aspecto de la fe -agregó- estas comunicaciones están demostrando que, con la muerte, no se disuelve una persona, que el alma sobrevive, que el diálogo no se ha apagado”.

 Los contactos pueden tener lugar a través de los sueños, las premoniciones.  “Lo importante -advierte el teólogo- es no intentar evocar ciertos fenómenos, cayendo en la superstición o en la idolatría”.

“Como cristianos no negamos que vivimos en un mundo que en muchos aspectos está rodeado de misterio”, señaló a su vez el teólogo norteamericano John Richard Neuhaus.  Por lo tanto, las experiencias de quienes creen que han escuchado  o encontrado a personas desaparecidas “son posibles”.

La Iglesia, dijo también Neuhaus, “no niega la existencia de fenómenos que los hombres no logran explicar y, por lo tanto, considera posibles ciertos acontecimientos.  Pero, es prudente porque no quiere alimentar creencias o prácticas falsas”.

El 23 de octubre del 2000 encontramos en EL SOL DE TOLUCA el artículo “SÍ EXISTE LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE”, lo que afirman dos médicos británicos que analizaron casos desde un punto de vista estrictamente científico:

SÍ EXISTE LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE

Londres, Inglaterra (ANSA).- El alma existe, afirman dos eminentes médicos británicos que analizaron durante un año, desde un punto de vista estrictamente científico, casos de pacientes que sobrevivieron a paros cardiacos.

Peter Fenwick, neuropsiquiatra del Instituto de Psiquiatría de Londres y Sam Parnia, investigador clínico del Hospital de Southampton, sostienen en un estudio – que publicará la revista médica Resuscitation – que la mente es independiente del cerebro y que por ello la conciencia, es decir el alma, continúa viviendo después de la muerte cerebral.

Durante el año en el que ambos médicos realizaron su trabajo, en el General Hospital de Southampton, sobrevivieron a paros cardiacos 63 pacientes.

Fenwick y Parnia entrevistaron a todos los pacientes que pasaron por esa experiencia una semana después del hecho; de ellos, 56 no tenían registro del tiempo en el que permanecieron privados de conciencia.

De siete que afirmaron recordar algo, sólo cuatro superaron la llamada escala de Grayson, un criterio médico para evaluar la experiencia en casos cercanos a la muerte.

Los cuatro evocaron sensaciones de paz y alegría, de aceleración del tiempo, de pérdida de percepción del cuerpo, de una luz brillante y del ingreso a otro mundo. Tres de ellos se definieron anglicanos no practicantes y el cuarto, católico.

A partir del examen de sus historias clínicas, Fenwick y Parnia excluyeron que la experiencia relatada pueda explicarse como un colapso de las funciones cerebrales causadas por falta de oxígeno.

Ambos científicos también descartaron que hubiesen sido fruto de combinaciones de medicinas ya que las técnicas de reanimación practicadas en el hospital son iguales para todos los pacientes.

“Al principio era escéptico pero, después de evaluar todas las pruebas, ahora pienso que hay algo”, indicó Parnia al dominical británico Sunday Telegraph.

“Estas personas tuvieron esas experiencias en momentos en que el cerebro no hubiese debido estar en condiciones de sostener procesos lúcidos o consentirles tener memoria  duradera. Esto podría dar una respuesta a la pregunta de si la mente o la conciencia son producidas por el cerebro o si el cerebro es, en cambio, una especie de intermediario de la mente, la cual existe independientemente”, argumentó Parnia.

Por lo tanto, especuló su colega Fenwick, “si la mente y el cerebro son independientes, entonces la conciencia sobrevive al cuerpo”.

Comentando el estudio de los médicos británicos, el obispo anglicano Stephen Sykes afirmó que el descubrimiento es fascinante, pero no sorprendente, mientras que el teólogo  Geoffrey Rowell subrayó que el experimento “desmiente las teorías materialistas para las cuales el hombre no es otra cosa que una computadora de carne”.

Coincidencias Asombrosas:

“CON T DE TITANIC”

Por: Carlos Olvera

Extraído del periódico “El Sol de Toluca” durante 1998

Durante el mes de enero, la palabra Toluca se escribió con “T” de Titanic. Considerables multitudes abarrotan las salas donde se exhibe la publicitada película, que, como sabemos, se basa en un acontecimiento de la vida real. Casi todo mundo conocía, desde antes del filme, la cadena de sucesos que ocasionaron la catástrofe; sin embargo, es casi desconocida la serie de notables coincidencias asociadas con el desdichado barco y su trágico destino.

Hace cien años, en 1898, catorce años antes del desastre del “Titanic”, se publicó en Londres una novela llamada “Futilidad”, escrita por el literato inglés Morgan Robertson. Este libro narró cómo un barco -suntuoso palacio flotante- zarpaba de Southampton en su viaje inaugural rumbo a los Estados Unidos. Sus pasajeros vestían con elegancia, eran millonarios y abundaban las mujeres hermosas y caballeros distinguidos, todos gozando de la lujosa comodidad del trasatlántico más grande y asombroso jamás construido. Navío que nunca llegó a su destino, pues se hundió en el mar después de que un gigantesco bloque de hielo, un iceberg, desgarró su casco y lo envió al fondo. Hubo una considerable pérdida de vidas. El nombre del buque de esta novela era “Titán”.

Una coincidencia asombrosa ya que, catorce años después, los hechos narrados en aquella novela se convirtieron en una terrible realidad: un lujoso trasatlántico auténtico, partía en el mismo viaje inaugural. También iba repleto de acaudalados pasajeros, también chocó con un iceberg y se hundió. Igualmente, como en la novela de Robertson, la pérdida de vidas fue considerable debido a la falta de suficientes lanchas de salvamento. Esto sucedió la noche de 10 de abril de 1912, catorce años después de publicada la novela. Ese buque era el “Titanic”.

El “Titán” de la novela era casi el duplicado del “Titanic” real en muchos aspectos, no sólo en el nombre semejante. Ambos eran aproximadamente del mismo tamaño, desarrollaban la misma velocidad y tenían la misma capacidad de pasaje, alrededor de 3,000 personas. Los dos eran “insumergibles” y ambos se hundieron exactamente en el mismo punto del Atlántico Norte.

Nota de Daniel Lara:

Este libro no fue reimpreso sino hasta 1912 en el McClure’s Magazine y el Metropolitan Magazine de New York, donde se le dio el nombre de “El Naufragio del Titán”. La novela en sí es bastante mala y, de no ser por las asombrosas coincidencias, seguramente no habría sobrevivido hasta el día de hoy.

Artículo tomado de la revista electrónica “EL SALVADOR USA”, año 4, número 236, Los Ángeles, Ca., del 28 al 31 de agosto del 2000, sección “Lo Oculto”, con algunas correcciones hechas por Maryvonne Dray:

“LA TRANSCOMUNICACIÓN INSTRUMENTAL: COMUNICACIÓN CON LOS MUERTOS”

La vida después de la vida, “la vida continúa a través de la muerte; la muerte no es el fin, es un comienzo, un nuevo arranque, un nuevo amanecer. Muchos lo creen, pero ahora lo saben”, debido al caso de los esposos Dray, quienes tuvieron contacto con su hija, al entablar diálogo con ella.

El matrimonio conformado por la señora Maryvonne y el señor Yvon Dray da testimonio de una de las tantas familias que han tenido la desgracia de sufrir la pérdida de su única hija, Karine, de 21 años de edad, quien fue víctima de un accidente automovilístico en la carretera México-Toluca el sábado 2 de diciembre de 1995, hecho que dejó una profunda huella en sus vidas. Pero los Dray se han caracterizado por no resignarse a su pérdida y han buscado por todos los medios posibles el paradero de su hija y tratan de mantener alguna forma de comunicación con ella. Esto ha sido posible mediante una técnica verdaderamente extraordinaria, la Transcomunicación Instrumental (TCI), que se define como la técnica electrónica de comunicación con el más allá, que brinda la posibilidad de mantenerse en comunicación aun después de la propia muerte.

¡NO SABÍAMOS QUE EXISTÍA!

 ”Nunca nos preguntamos qué podía haber después de la muerte, hasta que se nos fue nuestra hija –nos informaron los Dray– . Mes y medio después viajamos a París por asuntos de trabajo y en las librerías vimos algunos libros donde se leía que el alma era inmortal. Y ésa fue nuestra pregunta: si es inmortal, ¿en dónde está nuestra hija? Buscamos libros sobre el alma y lo que nos mostraban eran ensayos religiosos y tradicionales. Sin embargo, una vendedora nos recomendó leer los libros La muerte, un amanecer, de Elizabeth Kubler Ross; La vida después de la vida, de Raymond Moody, y Comunicación con los muertos, de Sarah Wilson Estep, que lograron crear en nosotros una esperanza de que hay una vida después de la muerte. Esa vida eterna que es anunciada en todas las religiones en forma espiritual, y comprendimos que nuestra vida terrestre es un paso más que tenemos que hacer para aprender y volvernos más espirituales.”

NO CRECEN ESPIRITUALMENTE

 Sin embargo, uno de los problemas más frecuentes es que cuando alguien pierde a un familiar no deja de llorarle. En esa circunstancia “el ser querido que ya no está se pone muy triste –dice el matrimonio Dray–, puesto que ellos ya no sufren. Hay personas que lloran hasta 20 años y nosotros les decimos que es peligroso porque están afectando a los seres desaparecidos y no los dejan crecer dentro de su escala evolutiva. Lo que se debe hacer es pedir que vayan hacia la luz, que encuentren su camino. Nosotros sugerimos que la gente viva su duelo, que lloren y que se resignen ante la pérdida física. Y, si hay algún interés en su ser querido para saber cómo está, que dejen pasar dos meses para comunicarse, ya que es el tiempo en que se adaptan a su medio y les explican sus nuevo mundo”.

CADA QUIEN TIENE SU MÁS ALLÁ

“Es un mundo imaginario donde se desplazan a la velocidad del pensamiento (superior a la de la luz) –continúan nuestros entrevistados– donde no hay purgatorio, no hay infierno, no hay paraíso, cada quien crea su realidad porque son estados de conciencia que en ocasiones no les permiten crecer por tener remordimientos; aun así, todos cuentan con la ayuda de seres espirituales. Hay una edad promedio de 35 años más o menos, los niños crecen hasta llegar a una cierta edad y los adultos se regeneran. Es un mundo lleno de bondad donde no hay persona que haya sido asesinada y que no hubieran perdonado al instante, ¡característica principal del otro mundo! Su tiempo y espacio no corresponden al nuestro”.

EL PROCESO DE COMUNICACIÓN

“Utilizamos una grabadora, un cassette virgen, un micrófono y comenzamos a grabar las posibles respuestas de los seres desaparecidos –señalan los esposos Dray–. Se les hace una pregunta, se deja correr la cinta unos minutos y después se rectifica poco a poco, ya que la respuesta no es un proceso directo. La particularidad de estas voces es que tienen una frecuencia de 14,500 Hz y la voz normal es de 130 a 200 Hz, por lo cual no la podemos escuchar.”

“Cuando se graba, ellos reproducen su pensamiento (telepatía) como voz, utilizando un soporte que nosotros ponemos –ruido de agua– y modulan su pensamiento en la cinta magnética donde queda registrada como voz. Nosotros realizamos este proceso de forma seria, con mucha disponibilidad y, sobre todo, con paciencia pero nunca por curiosidad. Debe quedar claro que, cuando ya se domina esta técnica, no es bueno comunicarse con los muertos todos los días y varias veces, porque los podemos molestar; ellos tienen diversas actividades que deben desarrollaren su plano espiritual y por lo tanto no siempre hay respuestas. En nuestro caso hay otros seres que nos contestan: ¡no está! ¡está ocupada! ¡está trabajando!, pero solamente nos dirigimos a ella o a nuestros familiares que ya han fallecido. Nos imaginamos que nos han de contestar, pero no los alcanzamos a escuchar”.

PRUEBA IRREFUTABLE DEL MÁS ALLÁ

 Fue una Transimagen (imagen producida en el más allá y proyectada sobre alguna superficie en nuestra dimensión) que llegó a la pantalla de la computadora de los señores Harsch-Fischbach, principales investigadores a nivel mundial de la TCI, el 4 de julio de 1997 en Luxemburgo, e inmediatamente se lo enviaron al señor Dray por vía fax a su oficina. Lo que se puede observar es el rostro de Karine cuando tenía 19 años, un castillo tipo medieval y la utilización de cuatro idiomas con la palabra clave de Magna, que es el nombre de su gata. También se menciona Swejen Salter (entidad que está a un nivel superior) que ayudó a Karine a enviar este mensaje. En alemán dice que Karine está trabajando con Anne de Guigné (niña francesa que murió en 1922, a la edad de 11 años), que ayuda a recibir las almas de los 35 mil niños que se van por día, y dice que Karine ayuda a estos niños a encontrar una familia. Debajo de la transimagen aparece un texto en español que dice: “Karine Dray –grupo rabino Israel Meir Kagan delante del palacio Lindemann– 01-07-1997″. En cuanto al rabino se sabe que nació en 1896 y murió en 1993 a la edad de 97 años, era un erudito que escribió sobre el “mal decir” y su verdadero nombre era Chaim Schofetz. Y fuera de lo común, según los Dray, son dos gatos y un perro que tenían en aquel tiempo, pero cuando fue recibido el mensaje en Luxemburgo no había eso. Los diferentes idiomas que se pueden observar fueron enviados quizás para mostrarnos que ya no tienen ningún sentido para ellos.

LOS CONGRESOS

“Surge la idea de organizar congresos sobre Transcomunicación a raíz de nuestra experiencia –informan los Dray– y porque decidimos no guardarnos de forma egoísta una noticia tan bonita”. Así, en el año de 1997 se concreta y se organiza el primer Congreso de Transcomunicación Instrumental y en abril del 2000 el segundo Congreso, con sede en la ciudad de Toluca, México. Los eventos tenían como objetivo informar sobre los métodos para transcomunicar con los que ya partieron al otro mundo, así como transmitir esperanza a todas aquellas personas que estén en duelo por la pérdida de un ser querido y, ante todo, transmitir las experiencias en un ambiente de cordialidad y respeto mutuo. Ambos congresos han sido muy importantes a nivel mundial porque han contado con la participación de los mejores investigadores a nivel internacional dentro de esta materia.

EN CONCLUSIÓN…

Como se han podido dar cuenta, amigos lectores, lo que inició como una catástrofe se ha convertido en un punto muy importante de fe, esperanza y de amor, al conocer que la vida continúa después de la muerte, hecho tal que debe permitirnos vivir con más esperanza y tratar de indagar sobre el verdadero sentido que la vida tiene para cada uno de nosotros. Tal vez antes de leer este artículo, ustedes pensaban que uno nacía, moría y ahí se terminaba todo; en cambio, con el desarrollo de esta nueva disciplina, hoy sabemos que hay una continuidad después de la muerte física, como lo han podido descubrir y conocer a fondo los señores Dray y muchos otros investigadores en todo el mundo. Ellos nos dejan como única tarea pensar en que la muerte como tal es un tabú de nuestra actual sociedad y donde la TCI, tal vez en un futuro no muy lejano, pueda ser considerada como el descubrimiento más importante en la historia de la humanidad, mucho más que ir a la Luna o a Marte.

La Muerte en el Más Acá – Artículo de la revista “MILENIO Semanal”, del 29 de mayo de 2000:

 ”LA MUERTE EN EL MÁS ACÁ”

Por: Verónica Maza Bustamante

Ésta es una historia basada en hechos reales. Buscando sus propias pruebas de la vida después de la muerte, la reportera realizó experimentos de transcomunicación instrumental en un estudio de grabación y, en medio de la incredulidad propia y ajena, se topó con varias certezas y unas cuantas dudas nuevas. Esta es la bitácora de los sucesos.

Para Carmen, Terina y Juan

¿La muerte no existe? ¿En realidad se puede establecer contacto con nuestros seres queridos a quienes sepultamos hace meses o años? Las preguntas surgían cual chismógrafo de la secundaria. Atonatiuh (fotógrafo de MILENIO, Juan Oscar [mi marido] y yo acabábamos de salir de la casa del matrimonio Dray y no sabíamos qué creer. En el carro, durante el trayecto de Metepec al DF, elucubrábamos con singular ahínco. Que si yo no les creí, que si yo a medias, que si no sé qué. Cada uno daba su punto de vista y todos coincidíamos: necesitamos pruebas. Somos reporteros y de eso se trata, ¿no? Que no nos vengan con cuentos.

Yvon y Maryvonne se veían bastante cuerdos y, lejos de todos esos sitios en donde aseguran que el espíritu de Pedro Infante les da consejos mientras el de Bennv Moré canta cha-cha-chá y habla sin cesar, su casa era común y corriente, decorada con algunas mariposas de barro y metal, sin grandes aparatos de sonido, sin santos ni figuras fantasmales, aunque eso sí, la estancia, las recámaras y hasta la cocina lucían fotografías de su hija Karine. ¿Sería que el dolor de los padres tras la pérdida de su hija los llevaba a escuchar cosas que no eran? Aunque habíamos percibido las voces que reprodujeron en su estéreo, no habíamos entendido gran cosa de lo que decían porque estaban en francés -la lengua materna de la familia- y, por más intentos que habíamos hecho por rebatirlos, nos respondían que las pruebas eran las grabaciones, que no había -en pocas palabras- transa en esto, porque no tiene fin de lucro (la asociación sólo cobra cien pesos anuales a los que quieran formar parte de ella) y que no había otra forma más racional de comprobarlo que hasta el día de nuestra muerte física.

Finalmente, impulsada por mi propio escepticismo, decidí experimentar al día siguiente. Si no tengo pruebas, les repetí, no puedo escribir nada, porque no sólo los lectores, sino yo misma, me tiraría de a loca. Y no me importa si mis muertitos me dicen que parezco Santo Tomás por aquello del “hasta no ver no creer’.

Como Juan Oscar es músico, tenemos un mini estudio de grabación, con bocinas potentes, consola de sonido y softwares como el Cool Edit y el Sound Forge, así que al día siguiente por la noche tomé mi grabadora de reportero, cerré puertas y ventanas, mandé a mi marido por el pan y me metí en una habitación permitiéndole el acceso a mi gata, según yo para ver si captaba alguna alteración en ella. Como había decidido transcomunicar con mi abuela, seguí las indicaciones de los Dray. Primero necesitaba un “soporte” como el ruido blanco de la radio, el sonido del agua al caer de la regadera o un cassette con voces en algún idioma desconocido (como el chino, por ejemplo), pues según los estudios, es por esa frecuencia por donde entran las voces de los “invisibles”. Elegí el método de la radio. Después le puse record a la grabadora e inicié con el protocolo en el que se pide a los seres queridos y a Dios que nos ayuden. Mi voz temblaba un poco, pero me armé de valor y le hice una pregunta a mi abuelita (regularmente son tan sencillas como “¿cómo estás?” o algunas otras cuya respuesta sólo sepa el que cuestiona). Durante un minuto traté de no emitir ningún sonido porque es en ese intervalo donde contestan. Siempre alerta de que no hubiera ruidos exteriores, realicé cinco preguntas en total mientras mi gata ronroneaba plácidamente.

Unos minutos después de terminar, regresó Juan Oscar. Le comenté que no había escuchado nada durante la grabación aunque, al recorrerla, a “simple oído” se percibía un murmullo en algunas partes de la cinta. Conectamos la grabadorcita al equipo y el sonido se amplificó. Ahí estaba, un murmullo audible pero difícil de entender. Con los softwares “limpiamos” esos tramos en específico y escuchamos: se trataba de una voz masculina que respondía a mis preguntas. Entre otras cosas, decía: “Mi nieta me encontró” y “estoy viva”. Al principio no pude evitar emocionarme, pero después volví a dudar: ¿Y si soy yo misma quien, de manera inconsciente, envía las respuestas? Entonces le pedí a Juan Oscar que él, estando solo, grabara otras preguntas dirigidas a mi abuela con réplicas sólo conocidas por mí. ¡Y volvió a suceder! Ahí estaba la voz, que si bien no era la que ella tenía en esta vida, sí contestaba cosas privadas. No pude evitar derramar algunas lágrimas. De inmediato le llamé a mi madre, quien hasta la fecha no había podido superar la pérdida de mi abuelita. Tras responder sus inquietudes en cuanto al método, se puso feliz y lloramos juntas por teléfono.

La semana siguiente nos pusimos a leer unos libros sobre el tema que, curiosamente, encontramos en una librería cercana a la casa. Decidimos no hacer más grabaciones sino hasta después de estudiar un poco, porque como a fin de cuentas la TCI no es un juego, nos parecía arriesgado seguir haciéndolo sólo “por tener pruebas”. Posteriormente, cuando en la junta de MILENIO Semanal mi editor platicó del tema, la mayoría se mostró incrédula. Fernando, que ya había escuchado las grabaciones, me comentó: “Tú no te preocupes y escríbelo. Por algo será que está pasando todo esto”.

Quince días después de la entrevista con los Dray y los mensajes por transcomunicación, soñé que una anciana moría en mis brazos. Como nunca le veía el rostro, no sabía a ciencia cierta de quién se trataba, aunque al final aparecía un letrero que decía: “Mami se murió”. Me desperté sobresaltada. El sueño me intrigaba pero, tras llegar al trabajo, me olvidé de él. Dos días después (el lunes 22) mi suegra falleció. Cuando nos dieron la noticia sentí un escalofrío al principio, pero después un gran alivio. Juan Oscar sonreía: “Ahora sí, después de la enfermedad, mi madre está contenta: se reencontró con su marido adorado y no tiene más dolor”, me dijo.

Han pasado ya dos días de su muerte. Todavía no nos acostumbramos a llamarle “transición”, pero estamos tranquilos. Nosotros somos los que descansamos en paz. Probablemente si no me hubiera puesto terca, nunca habríamos comprobado lo que la transcomunicación dice y estaríamos sufriendo y llorando. A lo mejor usted, lector, no me cree o -efectivamente- me tira de a loca. Está bien. Ahora que he visto y comenzado a entender la muerte desde el más acá, me importan en mayor grado otras cosas. La fe, por ejemplo. ¡Ah! y aprender a leer mis sueños, porque, aunque mi suegra no murió en mis brazos, si tuve en ellos sus cenizas al salir de la funeraria. Supongo que son señales que llegan al por mayor y, como dirían los Beatles, sólo necesitamos amor para entenderlas.

 Mayo 29 de 2000.

“El Temor de Morir”, por Gemma Dixi:

“EL TEMOR DE MORIR”

La muerte no es más que una segunda cara de la vida

¿Adónde vas? Dijo una voz vibrante al hombre que se escapaba en la noche. El hombre se paró, de repente, aterrorizado, buscando en las tinieblas una presencia que no veía. Sin embargo, la voz había resonado tan distintamente que las estrellas mismas, en el cielo, parecieron haberse fijado.

El hombre se quedó unos instantes sin moverse, luego la calma volvió. Hizo de nuevo unos pasos, pensando que esta voz venía de su imaginación.

Todavía no terminaba de formular este pensamiento cuando la voz resonó de nuevo, más firme, más severa. El hombre, entonces, cayó de rodillas pidiendo gracia. De inmediato, se dio cuenta de lo absurdo de su gesto y se levantó. Contestando, por fin, a la pregunta que se le había hecho, dijo: “No se quién eres, ni en dónde te encuentras exactamente, tú, cuya voz me persigue, pero te voy a contestar. Yo, tampoco sé  adónde mis pasos me llevarán, solamente sé una cosa: es que huyo de la muerte. Un profeta me predijo que vendrá por mí esta noche, es por este motivo que dejé mi casa”.

La voz retomó: “Porque huirla de tal modo, no eres un criminal, ni un maleante; tus faltas no son graves y piensa que tus buenas acciones te librarán de tu debilidad y te ayudarán a recobrar la paz”.

En este preciso momento, el hombre sintió una calma profunda que lo invadía. Vio una mano luminosa enseñándole un camino todo blanco que no conocía. A pesar de que le envolvía la noche, el hombre sabía que no estaba lejos de la vieja fuente de su pueblo natal, en la plaza del mercado, y que en este lugar no se encontraba ningún camino parecido y, además, en ninguna parte que sea, nunca había visto un camino tan bonito.

Vacilaba para tomar el camino, a pesar de la mano que se lo indicaba. Fue entonces que vio a un hombre, que se le parecía en todos los aspectos, que se acercaba a él con una báscula en las manos. Yo soy tu conciencia, le dijo el hombre, y tengo en mis manos el peso de tus acciones, las buenas y las malas. Ve, amigo mío, el peso está casi igual de los dos lados. Toma este camino y el bien tomará la ventaja. Debes saber que nunca te dejo. La mano luminosa había desaparecido, la conciencia también y el hombre se encontró de nuevo solo, pero esta vez, dentro de la luz.

Tomó el camino con más confianza y vio llegar hacia él a una mujer, toda vestida de blanco; tenía entre sus manos una paloma; se acercó y le dijo: “Yo soy la paz, y vengo a llenar tu alma; te ofrezco mi símbolo, que te acompañe en todas partes”. Dicho eso, depositó en el hombro derecho del hombre a la paloma, la cual, dócilmente ,se quedo ahí.

El hombre siguió su camino. Entonces vio acercarse a un joven luminoso que le dijo: “Hermano, vengo a recibirte en este lugar de felicidad. Prediqué entre los hombres, mis hermanos, el Amor y la Fe, sé que te acuerdas de mis enseñanzas, al igual que sé que acabas de reconocerme”.

El hombre estaba extasiado, pues acababa de reconocer a Jesús.

Hizo unos pasos más y esta vez una mujer muy joven se acerco a él. Tenía entre sus manos un collar de flores blancas que depositó a sus pies, diciéndole: “Soy yo, quien te debe llevar a los Maestros que te dirán lo que debes saber. Debes saber que la hora llegó para ti de perfeccionar tu evolución”.

El hombre se volteó, vio a lo lejos, muy lejos, una pequeña casa que no era más que la suya. Le parecía muy oscura y muy triste. Entonces, un recuerdo le vino a la mente de repente: era esta casa que acababa de dejar para huir de la muerte. La joven entendió su pensamiento y le dijo: “Amigo, sepas que has dejado este mundo, la muerte a la que temías tanto, te tomó suavemente, tan suavemente que no te diste cuenta”.

El hombre contestó con sorpresa: “Me parece que fue hace unos instantes que dejé esta casa y la veo tan lejos; ¡cómo pasa rápido el tiempo!”.

La joven retomó: “Pasa rápido, amigo, porque, ahora, el tiempo ya no cuenta más para ti”.

Retomaron su camino inundado por la luz divina y el hombre siguió sobre este camino, sin voltearse nunca más sobre esta pequeña casa, que se alejaba más y más y terminó por desaparecer en la nada.

Una vida terrestre había pasado.

Gemma Dixi.

Cómo Morir:

EXTRACTO DE “MORIR… Y DESPÚES ¿QUÉ PASA?”

Por: Dr. George W. Meek  Editorial Diana, México

Todos pasamos nuestros años en la Tierra como ocupantes temporales de este cuerpo físico actual. Naturalmente, todos concentramos nuestros pensamientos y acciones en el asunto de vivir. Pero, ¿qué hay del tan importante asunto de morir? Conforme vamos llegando a los sesenta, setenta, ochenta, ¿qué tipo de guía está a nuestro alcance para suavizar nuestro paso por las puertas de la muerte? De repente, nos encontramos con que en realidad estamos en el proceso del nacimiento-renacimiento a un muy emocionante nuevo mundo. ¿Cuáles son los pasos a seguir? ¿Quién estará ahí para ayudarnos? Para aquellos que se interesen en el tema reimprimimos aquí la parte de un discurso hecho por Mabel Rowland hace más de cuarenta años, y presentado en varias ciudades de los Estados Unidos. Fue publicado en 1942, como un pequeño folleto y se vendió extensamente en las siguientes décadas. Ahora se encuentra agotada la impresión. En vista de que nuestra propia investigación sobre este tema confirma todos los detalles del material de Rowland, aprovechamos la ocasión para ayudar a todos los lectores en ésta y en las próximas décadas. 

“CÓMO MORIR”

Por: Mabel Rowland

 Independientemente de quiénes somos y cómo nos sentimos respecto a ello, algún día cada uno de nosotros tiene que dejar su cuerpo. Pero no existe razón alguna para tenerle miedo a este cambio, ya que la vida es continua, y lo que es aún de más consuelo, la conciencia e individualidad son también continuas.

Lo que sucede es que el alma deja el cuerpo que ahora habitamos y empieza nuevamente su nueva fase de existencia, vibrando a un ritmo diferente. El cambio es tan natural como lo es respirar, y deberíamos confiar sin miedo tal y como lo hacemos al respirar. No hay nada que temer, es como si por la noche nos acostáramos a dormir. Como criaturas DIVINAS, nos fue dado el privilegio de vivir la vida, y este privilegio incluye el mando de un cuerpo, que contiene esto tan dinámico, precioso y maravilloso que es la vida. Debemos cuidar nuestro cuerpo, pero no presumir que lo poseemos. Habitamos en él. No lo poseemos. El Creador nos puso en estos cuerpos “mientras duraran” nuestras vidas en esta Tierra, y debemos seguir la primera ley de la naturaleza que es la de “sobrevivencia”. Debemos luchar por conservar nuestras vidas y proteger nuestros cuerpos hasta donde sea posible. Aun los insectos, instintivamente, lo hacen. Sabemos que el “morir” no es doloroso; es un proceso de la naturaleza y llega en el momento exacto que el Creador fijó para cada uno de nosotros dentro de su gran plan. ¿Cuándo me llegará el momento? ¡Olvídalo! ¡Qué nos importa!, pero lo que sí nos importa es prepararnos para la siguiente etapa. Es importante que consideren y recuerden estos pocos datos que les voy a proporcionar; pueden no creer en ellos ni es necesario que lo hagan, pero es necesario que los lean y los recuerden. Eso sería hacer algo muy inteligente. Entonces, cuando necesiten la información, saltará a su mente subconsciente y les será de gran utilidad. Cuando hayamos completado este ciclo de vida en la Tierra, y llegue a su fin, despertaremos al siguiente estado de existencia, descubriendo que nuestras reacciones ante el pensamiento y sentimiento son exactamente como antes. Recuerde eso. Usted es usted. No existe la muerte. Sólo hay un cambio de vestido, por así decirlo. Se ha desprendido de su cuerpo, pero sus pensamientos y sentimientos no cambian. Sin embargo, usted rápidamente concientiza que las cosas alrededor son ligeras, pero definitivamente diferentes y es por esa razón porque les estoy hablando. Así que recuerden no tener pánico, sino que sepan exactamente qué hacer. Seguramente en algún momento ha soñado que se cae. Si es así, se dio cuenta de que nunca se pegó o lastimó. Más bien se despierta. En la experiencia del “morir”, el individuo a veces se da cuenta de que se está yendo -o podrá sospecharlo-, pero la verdad es que mientras pocos lo admiten aun a sí mismos, la mayoría le teme. No hay necesidad. No existe la muerte: es un concepto equivocado. La verdad es que el “morir” no sólo no es doloroso, sino, como les dije hace unos instantes, es maravilloso, es una transición natural a la que no se le debe de tener pavor. No somos conducidos a una ciudad “pavimentada de oro” ni vemos ángeles volando alrededor de nosotros. No. No existe ese lugar con que se nos ha inducido a ser “buenos” dentro de cualquiera de las teologías en las que fuimos engrandecidos, entonces, en nuestro actual estado de evolución, ciertamente, no estamos listos, para habitarlo. La esencia de una persona deja el cuerpo, como lo hace una mariposa al dejar su crisálida. Muchas personas han visto esta transición. Yo misma la he visto. Pregúntele a alguna enfermera. Tal vez le dirá que ha visto una nube vaporosa de ectoplasma, eso es lo que la visión humana percibe. Es el cordón de plata que nos une a nuestro cuerpo. Todos lo tenemos y aquí en la Tierra nunca se rompe, sólo se estira infinitamente cuando estamos durmiendo para permitir a nuestra alma, al verdadero yo, irse del cuerpo y experimentar los sueños. Después se encoge y regresa al cuerpo. Contiene “alma y cuerpo” juntos. Puede haber cuatro o cinco personas junto al difunto que acaba de dejar esta vida y tal vez sólo uno o dos se sintonicen con la frecuencia adecuada para poder ver esto. Algunos de nosotros hemos visto esto y mucho más. No existe la muerte. Ahora comprende que usted es el mismo individuo antes y después de dejar el cuerpo. No hay alas, tronos ni coronas. Puede estar contento con estas circunstancias, o un poco decepcionado, depende de sus expectativas. Durante los primeros días, nuestro destino es el mismo, seamos santos o pecadores, y después de ello, hay planos de vida a los que pertenece, y nada lo puede alejar del plano que le corresponde. Es llevado por la ley de atracción que prueba que lo que se asemeja se atrae. Estaremos con seres con los mismos gustos y grado de interés espiritual que los nuestros, tal como aquí gravitamos naturalmente hacia las personas que escogemos como nuestros amigos. Las reacciones individuales no son más que reacciones individuales. Hay personas que han vivido muy conservadoramente hasta la vejez, inmersos en conceptos teológicos fijos como calles de oro, puertas de perlas, arpas, etc. Estas buenas almas generalmente son sus propios enemigos, ya que no aceptan ajustarse a nada que se asemeje a aquellas circunstancias que los rodeaban en la Tierra, aunque en realidad el siguiente plano sea sorprendentemente similar. Algunas personas ortodoxas teológicamente, de verdad esperan encontrar calles de oro cuando “mueren”. Ciertamente, si literalmente creyeron eso al estar aquí, su opinión no cambiará al llegar allá. Algunas teologías enseñan que cuando morimos, el cuerpo, alma y la entidad entera permanece en la tumba y duerme hasta el día del “Juicio Final”. Estas pobres almas literalmente creen en eso. Y cuando seres espirituales del otro lado tratan de decirles que siguen siendo los mismos Anita o Juan Pérez, pero que ahora sus vidas tendrán unos pequeños cambios, se ponen escépticos y reaccionan como si estuvieran ante un farsante en el circo. Algunas personas insisten en que van a permanecer dormidos hasta que “Gabriel” toque su corneta. Generalmente duermen durante años Ahora consideramos a una alma que acaba de dejar su cuerpo físico, a través de un proceso natural y sin problemas. Tal vez sea usted mismo. Saluda a sus padres. ¡Qué bien se ven y hace años que se fueron! Estaban bastante ancianos y encorvados cuando los vio por última vez en la Tierra. Usted se apesadumbraba de verlos envejecer, pero aquí los encuentra tan hermosos, contentos y sonrientes como usted los recuerda cuando eran jóvenes y usted era muy pequeño, tal vez cuando lo llevaban a la escuela por primera vez en su pueblo natal. Tal vez crea que está soñado, algo similar le ha sucedido anteriormente al soñar. No, esos sueños eran breves. Esto es real y perdurable. Sin embargo, sus padres parecen no tener mucho qué decir, parece también un sueño. Pero su mirada es cariñosa y dulce y sonríen haciéndole sentirse bien. Es real, ¡y qué sentimiento de ligereza tiene usted! y  le abrazan. ¡Es real! Amorosamente le conducen a su propio círculo o vibración, donde descansará y platicará. Pronto empezará a sentirse hermosamente soñoliento, pero muy seguro, y se dejará ir. Caerá en un sueño que durará entre tres días y varias semanas. Aun las personas más espirituales de quienes tenemos conocimiento han descansado durante las primeras sesenta horas o más en el plano astral, y después brevemente reaparecen en la Tierra, antes de ascender a niveles espirituales más altos. La persona “muerta” no siente ni actúa diferente por el hecho de haberse “muerto”, pero deben hacerse ciertos ajustes, tal y como se hacen aquí en la Tierra. Por ejemplo, cuando termina el verano, dejamos de dormir en la terraza, nos envolvemos en ropa más caliente y prendemos una fogata para calentarnos. Eso es todo. Así de simple. Cuando ha dormido unos cuantos días después de “morir” y despierta para habitar su nuevo medio ambiente, nunca más volverá a dormir. Descansa, como todos lo hacemos en los mundos espirituales, pero no necesita dormir. La excepción son las personas que mencioné, que esperan a “Gabriel”. Por favor recuerde que cuando el alma deja el cuerpo no va a ningún lado. El cambio geográfico no es mayor que el que usted sufriría en la vida si caminara de un cuarto a otro, de un cuarto oscuro a otro alumbrado, de un cuarto caliente a uno frío. Por favor dese cuenta que debemos proteger y cuidar el cuerpo. Cuando Dios diga que lo dejemos, no debemos tener miedo. Es como quitarnos el abrigo, dejándolo caer en la silla y caminar libres de él. Al principio no hay conciencia de este “desprenderse” del cuerpo de carne. Nuestra frecuencia vibratoria ha cambiado, eso es todo. Y la vida a la que entramos es tan parecida a la de la Tierra, que el recién llegado puede estar confuso, particularmente si ha sido enseñado durante toda su vida a esperar algo diferente.

 Si alguna vez experimenta la sensación de caminar hacia sus seres queridos, abrazarlos sin que ellos se den cuenta de su presencia, y caminan a través de usted, no tenga miedo. Haga lo mismo que haría en una emergencia en la Tierra o en cualquier situación que no comprenda. Nos fue dicho por el salmista “Quedarse quieto” (Salmo 46:10). No importa cuáles sean sus creencias religiosas, si es que las tiene – ése es el mejor consejo -. Cálmese y lleve su pensamiento al más alto concepto, el que usted crea que es Dios. Llámelo o murmure su nombre silenciosamente o en voz alta, pero viniendo del corazón e, inmediatamente, más rápido de lo que yo puedo decirle, tendrá ayuda. Agradable, amistosa y nunca volverá a encontrarse en esa situación. El ser que lo ayudará encontrará a sus parientes y a sus seres queridos. Esto es necesario cuando ocurre una muerte accidental o repentina. Por favor recuerde lo que está leyendo. Simplemente aumente su grado de conciencia hacia su padre celestial. Repita la palabra “padre”, y le llegará ayuda. El reino astral está organizado. Le repito, no necesita creer en esto que está leyendo, pero por favor recuérdelo. En la muerte accidental y en las guerras sucede tan repentinamente que el alma puede ser lanzada fuera del cuerpo y estar en medio de una escena desastrosa y de destrucción, y puede ver su propio cuerpo inerte. No es una experiencia muy agradable, pero es la vida. La vida es progresiva, florece y se marchita y vuelve a nacer y crecer, y nos lleva de una esfera a otra de forma individual de acuerdo con la conciencia espiritual de cada uno de nosotros. Permanezca quieto y rece. La muerte es parte natural de la vida. Si en su vida se ha dedicado a acumular cosas materiales o hacer dinero, al grado de que está completamente sumergido en ello, disfrutándolo más que nada, está construyendo algo bastante desagradable para usted mismo en el “próximo mundo”. Sea lo suficientemente sabio para no hacer de lo material su interés primordial, como lo es coleccionar o vender para hacer dinero, porque cuando usted deje este cuerpo, vamos hacia donde no hay estándares económicos, donde el dinero no se usa. Será como un pez fuera del agua, a menos que tenga un pasatiempo que sea menos material, más intangible, pero más importante que el vender y comprar. Las “cosas de esta Tierra” son solamente eso. Tenga cuidado en no aferrarse a ellas al grado de estar obsesionado por ellas, ya que si “amamos” objetos o dinero, entonces estamos en peligro de ser atraídos y retenidos por las vibraciones materiales de esta Tierra. En pocas palabras, significaría que al despojarnos de este cuerpo, su alma, o la mía, vagaría alrededor de los que aún permanecen en esta Tierra, entre los que tienen actividades o gustos similares a los que nosotros teníamos. Nuestras satisfacciones serían meramente vividas a través de otros. Existen multitudes de almas retenidas en la Tierra que se encuentran rondando casas, mercados de dinero y centros de negocios de todo tipo. También vemos las almas de aquellos depravados y viciosos que se encuentran rondando en los centros de vicio y corrupción deseando participar y no pudiendo. Mientras aún viva físicamente, dese cuenta de que el dinero es importante únicamente para satisfacer necesidades corporales. Esto es algo temporal, así que no alimente su alma con ello. En el próximo plano no encontrará lugares de “negocios”. Es entonces cuando sus atributos artísticos, éticos y morales pueden ser disfrutados y recibirá lecciones para lograr realizar servicios mucho más nobles que la mera acumulación de dinero. Así es que mi consejo es de estar preparado, preparado mientras aún vive aquí. Cultive el lado bello de su alma. Aprenda a amar y a servir a sus semejantes. Si no le es fácil amar a las personas, puede ser un amor un tanto impersonal hasta que usted se convierta en una criatura más amorosa. Déjese de críticas a otros y alabe sus cualidades. Olvídese de como caminan o hablan o de aquella pequeña falla, trate de no verla. Los hindúes, al pasar a otra alma humana, murmuran la palabra “pronom” que significa “El Dios en mí saluda al Dios en ti”.  No me estoy poniendo sentimental. Les estoy dando la clave para vivir más plenamente, tanto aquí como en el más allá. Vivamos con nuestro pensamiento en Dios y teniendo esta actitud mental podremos vivir adecuadamente y, seguramente, vamos a “morir” adecuadamente también.

Dejar los Lloros y Vestirse de Luto:

EXTRACTO DE “PASAR DE PLANO (NO EXISTE LA MUERTE)”

Por: Araceli Egea (Venezuela)

No es bueno llorar amargamente por los llamados “difuntos”, recordarlos con pena e insistencia, llamarlos continuamente para que estén pendiente de nosotros y nos ayuden a resolver nuestros problemas, rogarles que nos acompañen y no nos dejen solos. Todo esto perturba mucho a los que han pasado de plano y ya no deben permanecer en el mundo material, porque les corresponden nuevas experiencias en otro nivel evolutivo. El llanto de familiares y amigos, aunque aparentemente es bueno, constituye un acto egoísta que perjudica mucho a los que se han ido. Quien de veras los ama, nunca debe comportarse así. Cada ser ha de permanecer en el plano que le corresponde y no se debe interferir. Angustiados por llantos y quejas, los desencarnados se aferran al Plano Físico y prolongan su estancia en él. No quiere esto decir que no se deba recordar a los llamados “difuntos” ni que esto es malo. Muy al contrario, resulta de gran beneficio acordarse de ellos con amor, sin egoísmo ni peticiones posesivas, sin demandas de ayuda y compañía. Ellos perciben los sentimientos y palabras de los que aquí quedan y saben que no los han perdido; aunque parientes y amigos sí crean que perdieron a quien murió. El dolor egoísta los entristece innecesariamente. Algunos hacen el sacrificio de permanecer cerca de parientes y amigos lo más posible, porque los ven sufrir; pero ningún beneficio deriva de ello. Además, esto es totalmente inútil, pues, por no tener manos, pies ni ojos físicos, por carecer de “poderes” sobre la materia densa, en nada pueden ayudar. Son comunes los casos de personas que ven a los desencarnados por la casa, sentados en sus lugares favoritos y haciendo las mismas cosas que en vida. Esto asusta y atormenta mucho a los vivos que no entienden lo que está pasando. Es bueno hacerles comprender que ellos son los culpables de la situación; porque, con su pensamiento insistente, sus penas y sufrimientos por el difunto, sus demandas de ayuda y compañía, los atan emocionalmente y por esto deciden quedarse allí para ayudar. Tal ayuda es una ilusión, porque realmente no pueden hacer mucho. El sacrificio resulta estéril y, al fin, tienen que marchar a su plano. Sólo hay un retardo perjudicial. Como ejemplo, citamos dos casos verídicos: una señora perdió a su esposo, pero no se resignaba a ello. Continuamente lo llamaba con el pensamiento, le rogaba que no abandonara a sus hijos, le pedía que la ayudara y solucionara sus problemas económicos; hasta le ponía velones encendidos y, por la noche, dormía con la camisa de él “para sentir su calor”. Resultado: veía al señor por la casa, caminando y parado aquí, allá o sorpresivamente mirando. Primero, creía que las penas la estaban volviendo loca; luego, por ser de mentalidad católica, fue a consultar con un cura que no le dio ninguna explicación sobre el fenómeno y sus palabras la asustaron más. Desesperada, buscó la ayuda metafísica y se le explicó la situación por la que estaba pasando. Lo que más angustiaba a la señora era ver a su esposo sentado a los pies de la cama del hijo más pequeño y a la hora de dormir, para contarle un cuento, como siempre lo hacía. Una vez que ella comprendió la causa de la situación, corrigió su proceder, frenó los lloros y quejas, apagó el velón, botó la camisa que se ponía por las noches y ¡sorprendente! la “aparición” no se vio más. Entonces la señora pudo dormir tranquila.

 El otro caso también se refiere a un esposo que pasó de plano; pero éste cojeaba y llevaba un bastón. La dama veía el bastón y al esposo por todas partes, hasta creía sentir el peculiar sonido del bastón por el piso; pero esto no sucedía por la insistencia de la señora y sus lloros, sino por la deliberada decisión del desencarnado que quería permanecer junto a su familia, la cual siempre lo había protegido en sus borracheras y mal comportamiento. Con inusitado valor, la esposa se dirigió a él mentalmente y le dijo: “No te acepto más aquí, porque ya en vida me diste muchos disgustos y me causaste bastantes problemas. ¡Vete pronto! ¡No quiero verte más!” – Después de esto, la imagen se desvaneció, el bastón y todo. La señora quedó tranquila y en paz.  

VESTIRSE DE LUTO

Esta antigua costumbre va desapareciendo poco a poco en los tiempos modernos, porque las ideas cambian y los conceptos no acordes con la verdad son sustituidos por otros. Por Ley de Evolución, la luz se abre paso cada vez en mayor cantidad de personas que pueblan el mundo, las cuales comienzan a cambiar internamente y, como consecuencia, modifican sus patrones mentales, van soltando las rutinas y convencionalismos sociales. Así está pasando. Aunque muchas personas no conozcan las razones profundas de su rechazo, se sienten incómodas al vestirse de negro, cuando un familiar pasa de plano o simplemente si tienen que ir a la funeraria para dar sus condolencias porque ha muerto un buen amigo. A los jóvenes acuarianos les parece anticuada esta costumbre y otros expresan que el color negro les da calor. Los metafísicos creen que, en lugar de vestirse de negro, sería mejor vestirse de blanco en esa situación o, simplemente, ir con cualquier ropa, porque no vamos allí a demostrar nuestro dolor por el difunto, sino que hacemos esta visita por seguir una costumbre social que se respeta y no se ha podido eludir; también para dar nuestro apoyo a quienes sufren, si son nuestros familiares, amigos, conocidos y los apreciamos. El color blanco irradia buenas vibraciones y armoniza el ambiente. Es como un imán poderoso que atrae lo agradable y feliz, mientras que el negro absorbe fuertemente todo lo malo y negativo; por consiguiente, la pesadumbre y la tristeza las aumenta. De ahí la depresión, el malestar en los entierros. Procuren mantenerse en ese lugar serenamente, de una manera comprensiva, para que la paz de esa luz ahuyente los inútiles lamentos y rompa el círculo de negros pensamientos, debido a que la atención de todos los asistentes está concentrada en el dolor. Hagan tratamientos en silencio, polaricen en positivo las situaciones que se vayan presentando, siéntanse como un pilar de Luz Violeta y miren todo con los ojos del amor, sin censurar nada. Cada ser humano está en su nivel de conciencia y así actúa. Quien conoce la verdad sobre la muerte ya no llora, no se entristece ni se deprime, cuando la ve llegar, aunque comprende a aquellos que se desesperan y procura ayudarlos. Es bueno mantenerse discretamente en silencio, sin exteriorizar nuestras ideas en velorios y entierros porque allí no serían bien venidas y, también, porque todo metafísico sabe que no hay que “dar sermones” a nadie y, si no le preguntan, no debe hablar. El color negro, por Ley de Vibración, atrae todo lo afín; es decir: la ignorancia, el atraso, sufrimiento e infelicidad. Como lo exterior refleja lo que hay en el interno, quien se viste de luto por considerarlo obligado en los entierros y porque así le gusta, necesita renovar su mente y su vida, pues se está quedando anticuado en cosas que ya no sirven ni son de ninguna utilidad. Los formalismos sociales no interesan en la Era de Acuario y la tendencia a llorar, a lamentarse, es muy pisciana; por lo tanto, va siendo desplazada. No se debe calificar la muerte como una desgracia irreparable y una calamidad, como algo infausto y terrible, porque ésa no es la verdad. Siendo el tránsito hacia una dimensión más alta, va acompañada de condiciones mucho mejores. Sabemos que nada malo le está ocurriendo al “difunto” ni hay por qué desesperarse.

 Sería mejor incinerar los cadáveres que enterrarlos. Ese proceso resulta más rápido, cómodo y limpio para desprenderse de la materia densa y disolver ataduras mentales; pero hay mucho rechazo en lo referente a la incineración, debido a la ignorancia y a conceptos religiosos muy arraigados. En muchos países, ni siquiera  las leyes lo permiten. Quienes se horrorizan al considerar esta idea es porque identifican tanto a la persona que se ha ido con el cuerpo que dejó o “cadáver” que, si lo llegaran a incinerar, se sentirían culpables, pensarían que están quemando al que murió y que ellos tanto amaban. En todo el Oriente Asiático, es muy común este sistema y, allí, nadie se impresiona, al ver una pira funeraria donde está un cadáver ardiendo, sino que miran esto con respeto. Hay ocasiones en que se precisa ir a un entierro, a un velorio, por la amistad y el aprecio hacia los familiares del “difunto”: pero un metafísico debe ir preparado y permanecer en paz como hemos indicado. Mantendrá su mente en positivo y en alta vibración, para irradiar luz y cambiar, en lo posible, las vibraciones del lugar. Si quiere hacer decretos, esto será en forma silenciosa y apropiada. Dirá por ejemplo: “Yo soy la Resurrección y la Vida en este lugar. Decreto aquí la Verdad y la Luz. La Verdad de Dios es la Vida Eterna y no existe nada que sea muerte”. Ha de estar alerta y no permitir que las vibraciones de tristeza y llanto le afecten. No hará comentarios más allá de lo que permita el estado de conciencias de los allí presentes. De esta manera, cambiará la situación y el entierro se efectuará serenamente, en forma respetuosa, sin tragedia alguna.

Vamos a decir algo también referente a la costumbre social de vestirse de negro actualmente. Esto se considera muy elegante y moderno y no lo hacen porque están de luto ni nadie se les murió; así que vemos, con frecuencia, a lindas jóvenes y apuestos muchachos vestidos de negro de pies a cabeza, muy contentos con su “elegancia”. Si este color les agrada realmente y se sienten bien con él, si así es su ropa preferida, no saben a lo que se exponen ni el nivel vibratorio que contactan. Ya hemos dicho que este color es la ausencia de la luz; por consiguiente, viene siendo el distintivo de los seres de la Polaridad Siniestra que envenenan y atormentan al mundo. Ha sido así durante siglos y edades; de ahí las ropas de algunas sectas y religiones en el pasado, cuando esas ideologías contenían tan poca luz. Principalmente, no conviene vestirse de negro porque lo afín atrae a lo afín, es decir: que el color negro “se enchufa” con la mala suerte, la desgracia, la enfermedad, la tristeza, el pesimismo, la derrota, la escasez, la ignorancia, el atraso, el sufrimiento y muchas calamidades más que no seguimos mencionando. Es como la carnada en el anzuelo, que hace morder a los peces e, inevitablemente, son atrapados sin poderlo evitar. La Otra Polaridad siempre está maquinando campañas de destrucción y envenenamiento del mundo. A través de los medios de comunicación calificó el negro de moderno y elegante, de artístico también; así que son muchas las personas de fama en los medios de TV, teatro, cine, etc. y en las altas esferas sociales que se visten “elegantemente” de negro por destacar y por costumbre social de mucha “nota”. Esto irá cambiando a medida que la luz se haga en las mentes y corazones. La sociedad moderna ha de transformar sus valores, sus sistemas y enfoques; todo precisa ser reestructurado en este glorioso fin de ciclo que dará paso a la Tercera Edad Dorada en el mundo. Los seres más conscientes ya deben comenzar a abrir sus ojos y no dejarse manipular por los medios de comunicación, detrás de los cuales está, solapadamente escondida, la mano de la Otra Polaridad para manejar a las multitudes.

Con respecto a la costumbre del negro por luto, ya vemos como eso va desapareciendo y no se acepta mucho normalmente. Hace cuarenta o cincuenta años, cuando moría un pariente, era norma social vestirse de luto por cuatro o cinco años en forma obligada; luego, el tiempo se fue reduciendo y, actualmente, es muy transitorio: durante los velorios, meses o algún año. Nada puede detener el avance de la luz y, con ese resplandor, la ignorancia va siendo barrida cada vez más y más. Otras personas se visten de negro porque así se ven más delgadas y esbeltas, sobre todo si hay exceso de kilos; pero ni aún así se aconseja. Más vale muchos kilos con alegría y contento que pagar la aparente esbeltez con malhumores, disgustos y problemas, ya que ese color no eleva lo necesario ni contribuye, en nada, para salir de la apariencia o problema.

Entrevista a Agnese Moneta:  

EXTRACTO DE “EL MENSAJE DE LA ESPERANZA”

Por: Paola Giovetti    Tikal Ediciones (Madrid)

La señora Agnese Moneta es la primera de estas madres valerosas que se han comunicado con sus hijos desaparecidos. Hace diez años que se prodiga para ayudar, confortar, infundir confianza y explicar qué se puede intentar en concreto; además, relaciona a los padres y los pone en contacto entre ellos para que no se sientan solos y puedan contar así con el apoyo de otros. Su experiencia es muy especial y merece que la conozcamos a fondo.

Señora, ¿cuál ha sido su camino como madre que ha perdido a un hijo?

He partido de cero y he atravesado todos los estadios de la desesperación, la duda y la incredulidad antes de llegar a las convicciones que ahora tengo. He entendido que existe una realidad nueva, diversa de la cotidiana. En la desgracia he podido aprender muchas cosas, he recuperado la fe, he entendido que un hijo es un regalo que se nos ofrece y que Dios puede reclamarlo cuando quiere. He entendido que todo tiene un significado. Yo no me he rebelado nunca contra la voluntad de Dios, pero quería saber el porqué y lo he sabido. A mí se me ha dado en abundancia para que pudiese darlo a los demás. En estos años, muchos otros padres que habían perdido a sus hijos se han acercado a mí y a mi marido, y también ellos han vivido experiencias maravillosas; nos hemos unido, nos hemos dado fuerzas y, ahora, llevamos hacia adelante nuestra convicción, sin fanatismo, con serenidad y seguridad. Somos el grupo privilegiado que ha entrevisto el más allá.

¿Qué es lo más importante que ha aprendido en estos diez años?

Verá usted, ante una desgracia como la que me ha ocurrido a mí, la primera tentación es rendirse. Es humano. En cambio, me he dado cuenta de que si se va a buscar algo con paciencia y tenacidad, finalmente se obtiene, se logra. Lo que me ha pasado a mí y a tantos otros padres es la mejor demostración de ello.  

¿Se obtiene fácilmente?

No, ni mucho menos. Yo pienso que depende de la actitud. La duda y el hecho de no creer en estas cosas implican un bloqueo; en cambio, si se adopta una actitud más abierta y disponible, es más fácil obtener alguna cosa. Hace falta también encontrar el médium adecuado, sensible y disponible; es necesario buscarlo, no perder la ocasión. Por lo demás, tengo la impresión de que en el otro lado existe la voluntad de hacer saber, y también “ellos” deben encontrar los canales idóneos para que esto se produzca.

Muchos padres y madres han desarrollado su sensibilidad después de la muerte de sus hijos. ¿Cómo se explican estas mediumnidades repentinas?

Es el dolor lo que abre las puertas y evidencia la sensibilidad que existe en cada uno de nosotros. Cuando estas personas vienen a mí están desesperadas. Entonces yo les explico que la desesperación excesiva hace daño, impide el contacto. Les digo que entiendo su estado de ánimo, pero que deben convencerse de que sus hijos están vivos y activos, por lo que no hay que desesperarse. Yo he enseñado a estas personas a no rendirse, a no perder la confianza. Personalmente, siempre me he negado a creer que todo pudiese acabar así. Para mí no era lógico. La armonía del universo me ha hecho pensar siempre que es imposible que sólo haya esta vida. Dentro de mí, pensaba: allá donde mi hijo se encuentre debo encontrarlo. Estaba segura de que de algún modo lo conseguiría, y tal vez este comportamiento ha puesto en marcha el mecanismo.

Pero, ¿usted cree que todos podemos llegar a comunicarnos con la otra dimensión?

Tal vez todos no, pero muchas personas sí, más de las que se cree. Yo, por ejemplo, personalmente no lo consigo. Mi tarea es otra: relacionar a las personas, darles confianza. Los mensajes de Frangi los he recibido primero a través de la señora N., que después ha ayudado a muchas otras personas y, más adelante, cuando ella cambió de ciudad, a través de Donatella, la amiga de Frangi, y también a través de otros mediums. Sin embargo, muchas otras madres han demostrado poseer estas capacidades, que quizás ya tenían sin saberlo y que el dolor ha desarrollado. Por lo demás, esta capacidad no se posee como un don personal, es el más allá que manifiesta su voluntad de comunicarse. De hecho, nuestros hijos nos han dicho: “No es vuestra voluntad, somos nosotros que queremos descender hasta vosotros para ofreceros un poco de nuestro cielo”. Basta con que nosotros, aquí abajo, demostremos una disposición de ánimo adecuada, y quizá que poseamos esa particular antena necesaria para “captar” los mensajes.

¿Usted personalmente no vive fenómenos de ningún tipo?

No, pero últimamente me ha sucedido algo extraño, muy bello. Desde hace tiempo Frangi me decía en sus mensajes que en agosto de 1986 me ocurriría algo, algo bello. Yo no alcanzaba a entender, esperaba conseguir verlo de algún modo. A través de una amiga médium le pregunté qué me ocurriría, a lo que él respondió: “Flores. Lo entenderás tú sola”. Meses después, cuando ya casi había olvidado estas palabras, mientras estaba en la cama con los ojos cerrados, en la oscuridad, empecé a ver flores: pero no flores de este mundo, flores extrañas, maravillosas, diferentes de las nuestras. Eran visiones que se alternaban, composiciones, escenas hechas con flores. El fenómeno se ha repetido más veces, y ahora asisto a él tanto con los ojos abiertos como cerrados. De las flores, hemos pasado a composiciones de piedras preciosas, luces intermitentes, lagos, ríos, siempre todo en movimiento. Le he preguntado a Frangi qué me estaba sucediendo y la respuesta ha sido que era él que dirigía mi mente: “Juego contigo como un niño y te muestro estas cosas que pertenecen a mi mundo. Es la evolución de lo creado, que late y siempre está en movimiento. Yo no puedo entrar en contacto contigo de otro modo, porqué tú no eres sensitiva, de ahí que haya escogido este medio para sentirme cerca de ti”. Tanto en mi caso como en otros se ha creado una relación afectuosa/amena, que es propia de madres e hijos y que nos ayuda a sonreír de nuevo, porque la vida continúa a nuestro alrededor y ellos nos incitan a no rechazarla, nos invitan a que no nos encerremos. Yo he notado esta toma de conciencia en todos los padres: los he ayudado a asimilar este estado de ánimo y ellos, viendo mi ejemplo, me han seguido.

La suya, por tanto, es una invitación a no cerrarse a la vida, a continuar avanzando a pesar de todo.

 Sí. Conozco casos límite, como el de una madre que hace unos años perdió a su hijo en trágicas circunstancias y que desde aquel día no sale de casa más que para ir a misa por la mañana temprano. Desde cierto punto de vista lo entiendo, pero me pregunto: aunque el marido comparta este comportamiento, ¿es justo imponerlo a los otros hijos que están vivos y disfrutan de una buena salud? ¿Es justo para ellos mismos? ¿Es justo renunciar a toda sensación agradable que nos pueda derivar de la contemplación de la creación y del calor de la amistad? Cuando todavía se tienen cerca personas queridas, hay que pensar en ellas por encima de todo y encontrar el valor para reconstruir de algún modo el equilibrio, para dar a quien vive junto a nosotros la posibilidad de contar con nosotros. El resorte que hace estallar esta reacción positiva es saber que son precisamente ellos, nuestros seres queridos que han fallecido, quienes desean la sonrisa en nuestros labios. Partiendo de esta convicción, que se me ha “impuesto” por las circunstancias y que no se ha debido a aridez de sentimientos, considero que es mi deber actuar e iniciar a quien haya vivido mi experiencia a vivir una vida llena y completa, sin privarse de lo poco bueno que ésta nos puede ofrecer a todos. A menudo, hay que vencer un temor oculto a la crítica de otras personas, pero debemos hallar fuerza interior para decirnos que nadie puede leer dentro de nuestro corazón. La vida es un tránsito para todos y tal vez nosotros podemos ser un ejemplo de sabiduría y de fe, capaces de hacer entender a todos que participamos en algo bello. La sensación común a quien sufre un dolor similar es que se trata de un castigo divino inmerecido, una maldad que contrasta con la visión de un Dios de amor. Pero no es así: sólo se trata de una prueba. El Señor roza las cuerdas de nuestra arpa y escucha los sonidos que brotan de ella. Valora así de qué temple estamos hechos. Por eso, en el momento de la prueba, debemos demostrar lo que valemos.

¿Usted ha entendido por qué sus hijos han tenido que marcharse tan pronto?

 La vida es un ciclo que para nuestros hijos ha sido más rápido. Tal vez ya habían cumplido su experiencia terrenal, quizás su evolución se había completado, por lo que no tenían necesidad de llegar a la vejez. Les esperaban otras tareas.

¿Usted cree en la reencarnación? A juzgar por sus últimas palabras se diría que sí.

No es fácil responder a esta pregunta. Como decía antes, para mí la vida es un ciclo a través del cual se adquieren nuevas experiencias y se mejora. Si para alcanzar todo esto es realmente necesario volver a vivir en la tierra, confío en que esto se produzca por nuestra libre decisión y en el momento más oportuno, y es por eso que la perspectiva no me da miedo. Desde esta óptica, me resulta fácil explicar y aceptar las aparentes injusticias que vemos a nuestro alrededor.

Señora, después de todo lo que ha experimentado, ha visto y ha sentido, ¿qué idea se ha formado de la existencia de estos muchachos en el más allá?

Son felices, activos, desarrollan muchas tareas de las que nos han hablado e incluso se han encontrado. Muchos de ellos nos dicen que están juntos, que han sido acogidos por Frangi, quien incluso ha hecho lo posible para que pudiesen dar noticias suyas. Y las pruebas que constantemente nos dan de este existir son muchas y extraordinarias. Es cierto, echamos de menos a nuestros hijos, pero saber que están vivos y que son felices también nos transmite mucha serenidad.

 El Aprendizaje de lo Invisible: 

EXTRACTO DE “LOS MUERTOS NOS HABLAN”

Por: Padre F. Brune   Editorial Edaf Madrid

 Pierre Monnier era un joven oficial francés muerto a los 23 años – el 8 de enero de 1915 – en el frente de Argonne. Hijo único, de familia protestante muy creyente y muy cumplidora, tuvo la dicha de ser el hijo mimado de un hogar unido. Buena salud, estudios brillantes y familia afortunada. Pero también una buena educación cristiana: lectura diaria de la Biblia, oraciones antes de la comida, formación de la conciencia en la rectitud y en el sentido del deber. Herido una primera vez, volvió convaleciente a su familia. Nueva despedida. Esta vez para siempre. Sus padres quedaron totalmente hundidos. Sin embargo, poco después de su muerte, la señora Monnier reconoció con toda nitidez la voz de Pierre que la llamaba por tres veces. Conmovida, preguntó: “¿Eres tu, Pierre?”… “Claro que sí, mamá, ¡no temas, estoy vivo!”  La señora Monnier no era una exaltada. Por otra parte, fue la única vez en su vida que volvió a escuchar, en la Tierra, la voz de su hijo. Pero, a partir de este momento, Pierre continuó comunicándose con ella. La madre percibía interiormente sus pensamientos, reconociendo con toda claridad que no venían de ella. El 5 de agosto de 1918 recibió interiormente esta orden: “¡No pienses en nada! ¡Escribe!” Tomó lo antes que pudo lo primero que cayó en sus manos: un libro de cuentas y un lapicero, y comenzó a escribir de un tirón: “Si, soy yo el que te ha pedido escribir. Creo que así llegaremos a comunicarnos con mucha mayor facilidad.” Las comunicaciones continuaron hasta el 9 de enero de 1937, ¡casi diecinueve años! Al principio eran diarias, después algo más espaciadas. Así llegaron a escribirse siete gruesos volúmenes de unas 450 páginas cada uno. Actualmente se están reimprimiendo en la editorial Fernand Lanore.

Este caso no es único. Se han establecido otras comunicaciones entre vivos y difuntos, sin que haya existido necesariamente una relación afectiva. A veces, el muerto y el vivo no se habían conocido jamás en la Tierra. Para informar con mayor precisión al lector que ya esté al corriente de este tipo de fenómenos de escritura “automática” o “intuitiva”, yo diría que – en medio de esta abundante literatura – se pueden destacar claramente cuatro grandes textos: los mensajes transmitidos por Pierre Monnier, Bertha, Paqui y Roland de Jouvenel. Añado a éstos un texto muy breve, pero muy denso, recibido personalmente de Simone por Jean Prieur. Por muchas y muy poderosas razones, cuya enumeración y discusión nos llevaría aquí demasiado lejos, estimo tanto los textos y estos autores como los de los mayores místicos. Además, éstos tienen la inmensa ventaja de ser comprensibles y atractivos para muchos lectores y, por otra parte, de tratar de muchos temas más concretos que los místicos, que sólo vislumbraron lo que estos testigos directos del más allá vieron. En su tercer mensaje, del 8 de agosto de 1918, nos deja ya adivinar una parte del misterio de la muerte, del misterio del paso hacia el más allá:  “¡No temas a la muerte, querida mamá! A mi pesar, yo la temía… No la conocía, me la imaginaba con un semblante desconocido, teñido de sangre. ¡Sí! ¡Tenía miedo a la muerte! ¡Pero cuando llegó, tenía un rostro claro que se parecía al tuyo! Me dormí en sus brazos; ella me consolaba con una voz que tenía las inflexiones de la tuya… Era hacia ti, querida mamá, hacia la que se dirigía toda la ternura de mis pensamientos. Todo esto duró sólo unos instantes… ¡Sin tiempo para tener miedo, te lo aseguro! El sentimiento de la responsabilidad… Las decisiones a tomar… La voluntad de defender mi puesto pasase lo que pasase… Luego, un gran golpe en el pecho y en la cabeza… Como un puñetazo que me hubiera impedido respirar, pero no gritar mis órdenes a mis hombres… Más tarde, un mareo… Después ¡nada! Ni siquiera sentí la caída… Y, de repente, tu voz, tu voz desesperada que gritaba: “¡Pierre! ¡Hijo mío! ¡hijito!”… Y el despertar para correr hacia ti”. En ese momento Pierre, dándose cuenta del dolor de sus padres, se reúne inmediatamente con ellos – aunque de forma invisible – e intenta en vano consolarles. Varios años después, vuelve de nuevo sobre este momento del paso hacia el otro mundo y nos revela más cosas sobre su serenidad en los últimos momentos:

“¡Oh, mamá, cuántas veces sentí cerca la bendita presencia de mi Salvador durante las trágicas horas de nuestra última prueba terrestre! Cuántas veces, bajo el rostro amenazante de la muerte probable, distinguía el semblante luminoso de Cristo triunfador, que me decía con ternura: “¡Ánimo! ¡Soy yo! ¡No temas!” ¡Y sin embargo, ante mis ojos emocionados no había más que fuego y sangre! ¡Mis oídos no escuchaban sino el fragor de la batalla y los lamentos de los agonizantes! Pero, más allá de estas escenas, más fuerte que estos estruendos y estas llamadas, la figura radiante del Resucitado y su consoladora palabra dominaban las nubes del huracán: “¡Ánimo!… ¡Soy yo!… ¡No temas!”. Querida mía, son muchos los que abiertamente o en secreto tomaron parte en esta experiencia: esa fue la causa de que esperaran tranquilos la voluntad del Señor. La intervención de Cristo es un hecho, no un sueño. Nosotros hemos visto, oído,  escuchado lo Invisible; el ejército espiritual nos ha sostenido y guiado hasta la doble victoria, la victoria sobre nuestros enemigos y la victoria de nuestra causa”

Artículo que nuestra querida amiga Monique nos envió y que fue publicado en una revista francesa:

“DESESPERANZA Y CONSUELO”

Por: Monique Simonet Pionera de la TCI en Francia

El 21 de junio de 2001, Jackie, mi querido esposo, se fue hacia las orillas misteriosas del otro mundo. Tenía cáncer. Durante dos horas asistí a su “transición”, agarrándolo de las manos, hablándole suavemente. “Relájate, querido, no temas. Todo va pasar muy bien…” Bajo los efectos de la morfina, no sufría, pero no podía ni moverse ni hablar. Por el movimiento de sus párpados, me señalaba que me escuchaba. Luego, expiró. No tuve la felicidad de poder ver a su doble etérico desprenderse de su cuerpo pero sabía que por fin estaba liberado. A Dios gracias, después de tanto sufrimiento.

UNA PRESENCIA CONSOLADORA

A partir de esta fecha, hice todas las cosas como máquina. Hubo los trámites, la familia, los amigos, los funerales…La tristeza de los funerales fue suavizada por la querida presencia del padre Brune, quien conocía muy bien a mi esposo y este último lo quería mucho. Con su gran corazón, “Paco” supo encontrar las palabras sencillas y justas que consolaron a mi familia presente y fueron apreciadas por todos. Nunca le agradeceré lo suficiente por aquello. No realizaba muy bien. Me hubiera parecido normal verlo aparecer de nuevo de pronto, de carne y hueso, eso durante los primeros días que siguieron su transición… Después, empecé a sufrir realmente, cada vez más. Su ausencia se volvió un suplicio. Después de más de treinta años de vida común, la separación era muy cruel. A pesar de mi fe, a pesar de todo lo que sabía, mi pena se agudizaba y lloraba mucho. Mas, sin embargo, nunca me rebelé. Solamente el dolor. Esperaba una señal, verlo, percibirlo, pero nada. “¿Porqué no transcomunicas, me decían mis amigos?” Sí, ¿porqué?   No lo sé. No lograba emprender un contacto. El temor de obtener mensajes poco interesantes o poco audibles, el temor a ser decepcionada, sin duda. Sobre todo, porque mi esposo era un materialista convencido, no se interesaba en mi trabajo, en mis libros y mis cassettes. En realidad, durante un periodo de unas semanas, me sentía demasiado infeliz, sin saber qué hacer, ¡esperando un milagro!

¡EL MILAGRO SE PRODUJO!

¿Este milagro llegó? Casi lo podríamos creer. En efecto, en el transcurso del mes de agosto, me sucedió lo siguiente: me encontraba ocupada limpiando mi cocina, escuchando al mismo tiempo la radio. Canciones en inglés se estaban sucediendo. De repente, la voz suave de la cantante fue cubierta por una voz masculina, exclamándose: “¡Qué bueno es pescar la trucha!”. Fue rápido, pero muy claro y, de inmediato, la cantante siguió su melodía.

¡QUÉ GOLPE!

La pesca de la trucha, todos mis amigos lo saben, siempre ha sido la gran pasión de mi esposo. Cada año, íbamos a Savoie, a la orilla de los ríos, únicamente con este propósito. A partir de este momento, mi corazón empezó a latir muy fuerte. Había escuchado muy bien. Por lástima, no estaba grabando, atareada en la limpieza… Además, transcomunicar estaba lejos de mis pensamientos en este momento. Pero, ¡qué golpe! Unas horas más tarde, en la noche, sentí la necesidad de escribir y cediendo a este deseo, empecé a escribir, bajo el dictado de mi esposo, unos diez renglones que me llenaron de alegría: “No dudes jamás de nada. Todo es verdad. Estoy vivo. Te espero. Estoy cerca de ti en la casa. Te abrazo. Quédate tranquila. Cuando sea tu turno de alcanzarme, nunca más nos separaremos. Sé buena con todos. Que duermas bien, mi amada. Estoy aquí (…)” Estas afirmaciones, seguidas por palabras infinitamente tiernas, qué alegría, ¡sobre todo, viniendo de él que no creía en la sobrevivencia! ¡De veras, qué alegría! ¡Recuperé todas mis fuerzas!

¡FUE INSTANTÁNEO!

 Poco después, en una tarde soleada de un domingo, puse mi grabadora que había dejado por tanto tiempo. ¡Fue instantáneo! “Soy Jackie… Estoy aquí… A veces, voy a otro lugar… Pero regreso.”  Empecé a llorar de alegría. “Es cierto, ¿estas aquí, mi amor?” “Sí, mi querida. Te amo.” Escuché diez veces, veinte veces esta frase “Mi Querida”. El mensaje es potente. Ninguna interferencia. Es exactamente su voz. Se escucha hasta el soplo al final de cada palabra… El hermano de mi esposo demostró una gran emoción al escucharla: “Es él, es seguro que es él, es mi hermano”, seguía diciendo perturbado. Toda la familia y unos amigos lo reconocieron también. Este mensaje es una maravilla, “mi” maravilla, la que me sostiene, me consuela. Es mi tesoro…Desde aquella fecha, he recibido otros numerosos mensajes. A petición mía, dio su nombre completo, caso muy raro. También se “burla de mí”. Yo le pregunto: “¿Me amas?” y él me contesta: “¡No… (un tiempo), te adoro!”  Me afirma que se siente bien, que está feliz, me pide no llorar más, me repite constantemente que está cerca de mí, en nuestra casa, cerca de mi escritorio. Hasta me dice, y es muy claro: “Te invito al paraíso. Te amo.”

ESFERAS DE BONDAD

Estoy soñando con esferas de bondad, de luz, en las cuales estaríamos juntos, ocupados en algunos estudios, distracciones o misiones. O quizás, relajándonos el espíritu, los dos juntos, lejos de las dificultades de la existencia material. En el transcurso de otro contacto realizado un poco más tarde, cuando me sentía muy sola sin él, y, además, frente a diferentes problemas, recibí este mensaje muy claro: “Estamos prisioneros en la tierra”. Por otra parte, me repetía seguido, cómo se encontraba feliz. No lo dudaba. Jackie era un hombre recto, justo, bueno y compasivo. Pensaba en él, en su vida sencilla. Mientras, reflexionaba, me dijo sencillamente: “Basta con ser honesto.” Es cierto que él era de una honestidad escrupulosa y asombrosa y eso hacía sonreír a más de uno. Esa misma noche, oí en cuatro ocasiones que una voz me llamaba sin poder detectar de quién se trataba, pero muy clara. “¡Señora Simonet, Señora Simonet!” Trataba de contestar para ayudar a este invisible, pero había demasiadas entidades hablando al mismo tiempo. No podía hacer nada, ni siquiera la voz de Jackie lograba pasar y me quejé: “¡Hay demasiada gente, es imposible! Entonces, encima de esta cacofonía, una voz desconocida logró gritar: “Sí, esto es cierto”. Ya era muy tarde y dejé de grabar por unos cincos minutos y volví a empezar, esperando recibir un último mensaje de mi esposo. Cuando escuché, la cacofonía ya no existía y obtuve el mensaje deseado: “Mi amada, estoy aquí, cerca de ti. No te preocupes. Nos amamos tanto… Me acuerdo de todo… ¿Me oyes mi ángel? Ya no insistí. Era más de la una de la mañana. El corazón inflado de felicidad, me acosté dándole gracias a Dios.

NO ACAPARARLO DEMASIADO

Ahora, contacto a mi esposo de vez en cuando, pero no demasiado seguido. No quiero acapararlo. Pero, le hablo mucho, le dirijo mis más tiernos pensamientos. Sé que los percibe. Supongo que tiene mejor cosa que hacer que reproducir su voz de forma audible frente a un micrófono instalado en un lugar tan diferente al universo en donde está viviendo ahora. Puedo establecer contacto directo y lo logro, creo, poco a poco. Ya lo siento cerca de mí cuando estoy más relajada. Es como estar envuelto en un ambiente tierno y caluroso. Sueño con el día en que Dios querrá que lo alcance y con él, mis padres, mis amigos, Axel, mi nieto querido. Este día llega paso a paso. Será un día bendito. Lo espero con paciencia, tratando de seguir mi camino, lo mejor que puedo en este planeta. “La muerte no es un final, es una parada; el viajero sigue su viaje espiritual fuera de las fronteras que separan lo visible de lo invisible”. Testimonios como éste deberían de ser difundidos más seguido. Monique Simonet es una referencia en el tema de la transcomunicación. Ella, que ha ayudado a tantas personas y nos aporta su vivencia, con toda simplicidad. Todos los que viven para ayudar a  los demás, que llevan con  ellos la esperanza a tantas personas en su sufrimiento, se deben de dar al conocimiento público,  un testimonio tan importante.

Los Mediums:

“EL UNIVERSO ESPIRITUAL”

Extracto de “La Revue de L’Au-Delà” No. 25

Los mediums que consultamos para tener noticias de nuestros desaparecidos trabajan siempre con seres espirituales a los que llaman sus guías y que los protegen de entidades peligrosas que rodean la Tierra. Estos mediums se comunican directamente con nuestros desaparecidos, por lo menos con los que acuden a su llamado. Ellos los ven y los describen así como transmiten lo que oyen o lo que captan. El proceso puede ser auditivo, mental o visual. A estos desaparecidos que vienen a su encuentro les encanta que los reconozcan. Casi siempre se presentan como los conocimos, aunque físicamente son más jóvenes, sin enfermedad, sin discapacidad, etc. El trabajo de estos mediums es precioso para todos. Confirma la sobrevivencia de nuestros seres queridos en otra dimensión. Criticados por los racionalistas, quienes dicen que son charlatanes, prosiguen con valentía sirviendo al mundo espiritual. La comunicación se puede también obtener a través de mediums de incorporación. En transe, el médium se encuentra proyectado fuera de su cuerpo físico para dejar su lugar a una entidad del más allá que utiliza sus cuerdas vocales para hablar. Es una experiencia muy interesante y muy convincente. Por medio de la incorporación también algunos cirujanos o médicos del más allá logran curar enfermos terrestres. El curandero más común es muchas veces también médium. Él sirve de canal para las ondas que les mandan curanderos invisibles y lo utilizan para curar a los enfermos. Podrían intervenir directamente del más allá sin pasar por una persona física pero, en la Tierra, tenemos que participar en cualquier esfuerzo. Cualquier cuerpo físico tiene un doble que puede pensar, actuar y dirigirse El desdoblamiento es también una forma de mediumnidad. Todos nos desdoblamos en nuestro sueño, mientras que nos operan, en estado de coma o sencillamente en un desmayo. Pero, la mayoría de las veces, nadie tiene conciencia de aquello. Los que se dan cuenta son mediums, sobre todo los que logran desdoblarse a voluntad. Éstos son muy importantes en la investigación de la parapsicología. Se les pide, por ejemplo, desdoblarse e ir a mover un objeto que se encuentra en otra pieza. Lograrlo es la prueba de que cualquier cuerpo físico tiene un doble que puede pensar, actuar y dirigirse. El estudio del cuerpo espiritual tiene que hacerse con la cooperación de los mediums capaces de desdoblarse a voluntad. También se puede utilizar la mediumnidad de algunos animales para detectar la presencia de un cuerpo invisible. La telepatía se puede practicar entre mediums terrestres con mucha eficacia. Muy importantes en la vida de todos los días para comprobar la sobrevivencia, los mediums lo son todavía más en la investigación del alma y de sus facultades.

 La telepatía, que es la forma de comunicación más común entre los dos mundos, se puede practicar entre mediums terrestres con mucha eficacia. Cada uno a su vez, transmisor o receptor de ondas de pensamientos espirituales, estos mediums se pueden transmitir una información. La expresión “transmisión de pensamiento” es más precisa que la palabra telepatía. El pensamiento no está creado por las ondas cerebrales emitidas por las neuronas. Proviene de las ondas teónicas del alma, ondas particularmente energéticas cuando la evolución espiritual se acaba. La lectura del pensamiento es una aptitud mediúmnica interesante. Permite a un médium captar el pensamiento de otra persona aunque éste no sea médium. No se trata de meterse en el inconsciente, sería demasiado fácil. Cualquier psicoanalista pediría ayuda a un médium. Es solamente el pensamiento consciente el que se puede captar de esta manera. El inconsciente es la palabra favorita de los detractores: es el que produce los mensajes, es el que los videntes alcanzan. Es acordarles facultades que no tienen, no están a un exceso más de imaginación…

Telepatía, lectura y transmisión de pensamiento son experiencias ya comunes que los mediums modernos aceptan perfeccionar bajo control electrónico. El método de las estadísticas comprueba que algo extraño existe en algunos seres humanos. Los investigadores piensan naturalmente en una energía desconocida que constantemente creen psíquica. Es exacto que proviene del alma, pero es de naturaleza muy particular y se encuentra más allá de la psique pura. Estas experiencias son una apertura muy importante hacia el espíritu eterno. Los mediums que llamamos “a efectos físicos” son indispensables para el estudio del espíritu. El poder de la mente empieza a preocupar seriamente a los científicos dignos de este nombre, los que no se conforman con estudiar a la materia visible y que no piensan que sólo lo que se ve merece ser explorado. Es todo un mundo el que se esconde detrás de este mundo, bien vivo, que tiene sus leyes, su estructura y una fuerza inigualable. El Oriente llama ilusión al mundo en el que vivimos. Sin embargo, es muy real. Esto quiere decir que lo tomamos como la única realidad porque lo vemos, mientras que escondemos a otro mundo mucho más importante, ya que es eterno. El mundo terrestre es absolutamente indispensable para la evolución general de la humanidad. No brilla por su tolerancia y su elevación moral, lo concedemos, pero todos juntos y todos los que seguirán son quienes deben hacer de él un mundo casi perfecto. Hay que darles oportunidad de trabajar en un ambiente tranquilo e inmejorables condiciones. Los mediums que demuestran la posibilidad de una acción de la mente sobre la materia no deben ser criticados o ridiculizados. De lo contrario, hay que darles la oportunidad de trabajar en un ambiente tranquilo y en las mejores condiciones posibles. En este caso, la experimentación también debe perfeccionarse, llevarse a cabo con mucho rigor con el fin de que no haya ninguna duda alguna en cuanto al resultado obtenido. La materia puede ser influenciada por el espíritu humano por la sencilla razón que está hecha también de espíritu. Desplazar objetos a distancia es un excelente acercamiento para la comprensión de tal acto mental. Los mediums “a efectos físicos” son muy notables y no son numerosos. No les pidan tener éxito con cada uno de sus experimentos. No los dejen que se desanimen. Su trabajo es demasiado valioso para que la persecución les haga renunciar.

Materializaciones a efectos fisicos:

Extracto del libro “LA RUEDA DE LA VIDA”

Por: Elisabeth Kúbler-Ross. Ediciones Grupo Zeta (Barcelona) y otras experiencias:

“CUARTOS DE LUZ”

Me habían prestado colaboración, pero ahora necesitaba ayuda. Había encontrado una prueba de que la vida continúa después de la muerte. También tenía fotos de hadas y guías. Me habían mostrado trozos de un mundo nuevo e inexplorado. Me sentía como el explorador que está cerca del final de su viaje. Había tierra a la vista, pero no podía llegar allí sola. Hablé con personas de mi círculo de conocidos, cada vez más amplio, diciéndoles que necesitaba alguien a quien acudir, alguien que supiera más. Enseguida, se pusieron en contacto conmigo muchos “iluminados” que me propusieron todo tipo de medios para hablar con los muertos y viajar a planos superiores de conciencia. Pero yo no me entendía con ese tipo de personas. En 1976 me llamaron Jay y Martha B., una pareja de San Diego, y me prometieron presentarme a entidades espirituales. “Va a poder hablar con ellas. Se les puede hablar y ellas contestan”, me dijeron. Eso atrajo mi atención. Hablamos unas cuantas veces por teléfono y esa primavera concerté una conferencia en San Diego y fui a visitarlos. En el aeropuerto los tres nos abrazamos como viejos amigos. Jay B., ex operario de aviación, y su esposa Martha eran más o menos de mi edad y parecían una pareja corriente de clase media. Él tenía una calva incipiente, ella era regordeta. Me llevaron a su casa en Escondido, donde habían organizado unas sesiones interesantes. Desde que el año anterior fundaran la Iglesia de la Divinidad, habían reunido un grupo de seguidores de unas cien personas. La gran atracción era la capacidad de B. para servir de intermediario (o médium) con los espíritus. Un intermediario entra en un estado mental profundo, o trance, para invocar a un espíritu superior o persona sabia difunta. Las sesiones se celebraban en una sala pequeña, o “sala oscura”, situada detrás de la casa.

Lo llamamos “fenómeno de materialización” – me explicó él entusiasmado – Sería largo y difícil contar todas las lecciones que hemos recibido hasta el momento. ¿Quién podría culparme por sentirme entusiasmada? Mi primer día allí me reuní con veinticinco personas de todas las edades y tipos en la sala oscura, un cuarto de techo muy bajo y sin ventanas. Todos nos sentamos en sillas plegables. B. me situó en la primera fila, en un puesto de honor. Después apagaron las luces y el grupo comenzó a entonar una melodía suave y rítmica que fue aumentando de volumen hasta convertirse en un sonoro cántico, que era lo que le daba a B. la energía necesaria para servir de intermediario a las entidades. Pese a mi expectación, me mantuve escéptica, pero cuando el cántico subió de tono hasta hacerse casi eufórico, B. desapareció detrás de una pantalla. De pronto, por el lado derecho, apareció una figura de una altura enorme; era como una especie de sombra aunque, comparada con la señora Schwartz, tenía más densidad y una presencia más imponente. Al final de la velada vais a estar asombrados, pero más confusos – dijo con voz profunda. Yo ya lo estaba. Sentada en el borde de la silla, me sentía cautivada por el hechizo. Era increíble, pero me pregunté si no me hallaría ante el acontecimiento más importante de mi vida. Él cantó, saludó al grupo y después se dirigió hacia mí y se quedó muy cerca, erguido y gigantesco. Todo lo que hizo y dijo tenía un propósito y un significado. Me llamó Isabel, lo que al cabo de unos minutos adquiriría más sentido; después me dijo que tuviera paciencia porque mi compañero del alma estaba tratando de acudir. Lógicamente deseé preguntarle de qué compañero del alma se trataba, pero no logré hablar. Después desapareció. Pasado un largo rato, se materializó otra figura, totalmente diferente. Se presentó diciendo que se llamaba Salem. Ni éste ni el primer espíritu tenían ningún parecido con el indio que yo había fotografiado. Salem era alto y delgado; llevaba turbante y una túnica amplia y larga. Todo un personaje. Cuando avanzó hasta mí, pensé: “Si este tío me toca me muero.” Tan pronto tuve ese pensamiento, Salem desapareció. Después volvió la primera figura a explicarme que mi nerviosismo había hecho que Salem se marchara. Transcurrieron cinco minutos, los suficientes para que yo recuperara la calma. Después reapareció Salem, mi supuesto compañero del alma, delante de mí. Aunque mis pensamientos lo habían ahuyentado, decidió ponerme a prueba acercándose hasta tocar las puntas de mis sandalias con los dedos de los pies. Cuando vio que eso no me asustaba, se acercó un poco más. Noté que trataba de no atemorizarme, y consiguió no hacerlo. En cuanto deseé que se apresurara a decir lo que tenía que decirme, él se presentó oficialmente, me saludó llamándome “mi querida Isabel”, luego me levantó suavemente de la silla y me condujo a una habitación totalmente oscura donde quedamos solos. Salem actuaba de un modo extraño y místico, y al mismo tiempo su actitud era tranquilizadora y amistosa. Me advirtió que me iba a llevar en un viaje especial y me explicó que en otra vida, en la época de Jesús, yo había sido una maestra sabia y respetada llamada Isabel. Juntos viajamos hacia una agradable tarde en que yo estaba sentada en la ladera de una colina escuchando a Jesús que predicaba a un grupo de gente. Aunque veía toda la escena, no lograba entender una palabra de lo que decía Jesús. ¿Es que no puede hablar de forma normal? – pregunté. Tan pronto como dije eso caí en la cuenta de que mis pacientes moribundos solían comunicarse así, como Jesús, en un lenguaje simbólico, con parábolas. Si una está sintonizada puede oírlo; si no, no entiende. Percibí cada detalle de lo que sucedió esa noche. Transcurrida una hora me sentía agobiada y casi  me alegré de que terminara la sesión para poder asimilar la experiencia. Tenía mucho que asimilar, más de lo que jamás habría imaginado. En mi conferencia del día siguiente dejé de lado lo que tenía preparado y conté lo ocurrido la noche anterior. En lugar de criticarme y decir que estaba loca, el público se puso en pie para aplaudirme. Esa  noche, la última, puesto que al día siguiente volvería a mi casa en Chicago, B. me llevo a mí sola a la sala oscura. Una parte de mí quería verlo nuevamente para asegurarme de que todo era legal. Esta vez  a B. le llevó más tiempo canalizar el espíritu, pero finalmente apareció. Cuando estábamos saludándonos, yo pensé que ojalá mis padres pudieran ver hasta dónde había llegado en la vida su hijita. De pronto, Salem comenzó a entonar “Always… I’ll be loving you…” Nadie excepto Manny sabía que ésa era la canción favorita de la familia Kübler. “Él lo sabe”, me dijo Salem, refiriéndose a mi padre.

Al día siguiente, ya de vuelta en Chicago, les conté todo aquello a Manny y los niños. Se quedaron boquiabiertos. Manny me escuchó sin expresar ninguna crítica; Kenneth manifestó interés; Bárbara, que entonces tenía trece años, fue la que se mostró más francamente escéptica e incluso un poquitín asustada. Cualesquiera que fueran sus reacciones, eran muy comprensibles. Esas cosas resultaban muy revolucionarias para ellos, y yo no les oculté nada. Pero tenía la esperanza de que Manny, y tal vez Kenneth y Bárbara, continuaran receptivos y tal vez algún día conocieran personalmente a Salem. Durante los meses siguientes volví con frecuencia a Escondido y conocí a otros espíritus. Un guía muy especial llamado Mario era un verdadero genio que hablaba con elocuencia sobre cualquier tema que yo propusiera, ya fuera geología, historia, física o cristalografía. Pero mi amigo era Salem. Una noche me dijo: “Ha terminado la luna de miel.” Evidentemente se refería a que tendríamos conversaciones más serias, más filosóficas, porque a partir de entonces hablamos principalmente de temas como las emociones naturales y no naturales, la crianza y educación de los hijos y las maneras sanas de expresar la aflicción, la rabia y el odio. Después yo incorporaría esas teorías a mis seminarios – talleres.

CUARTOS DE LUZ

En la nueva edición 2001 del libro El Vuelo de la Mariposa “Ahora Vimos a Karine”, el capitulo trece relata brevemente como se desarrollan los cuartos de luz en México, así como el testimonio de Michael Roll, investigador cientifico ingles, sobre las materializaciones físicas (extracto de un articulo de la revista Le Messager No 36 de Infinitude – Francia) . Sin embargo, para mayores detalles sobre los cuartos de luz en México, es indispensable leer el libro “Ventana al Mundo Invisible” de Gutierre Tibón – Planeta México 1994, en el cual aparecen las minutas de cada sesión.

 Por otra parte, en el libro “Morir y despues… ¿que pasa?” – Diana México 1997, el Doctor George W. Meek, americano, fundador de la Metascience Foundation, expone en esta esplendida obra, los frutos de casi dos décadas dedicadas a fundamentar y comprobar los nexos existentes entre la vida y la muerte. Este libro es una referencia sobre el tema. El capitulo 10 “Materialización” – Evidencia de sobrevivencia, nos describe el fenómeno registrado en la Biblia desde Moisés así como su historia en los últimos cien años. Se mencionan a Sir William Crookes en Inglaterra, Schrenck Notzing en Alemania, Pavlowski y Kluski en Polonia, Carlos Mirabelli en Brasil principalmente. A continuación se presentan  fotos de materializaciones tomadas durante estas investigaciones.

¿CUÁL ES LA POSICIÓN DE LA IGLESIA EN RELACIÓN CON LA COMUNICACIÓN CON LOS MUERTOS?

Por el Padre F. Brune – Para la revista “Los Cuadernos de la TCI” – Julio de 2002.

 Es una pregunta que preocupa legítimamente a todos los católicos. La mayoría de los sacerdotes están convencidos de que todos estos ensayos de comunicación con el Más Allá están condenados por la Iglesia. Conocen tales fenómenos a través de la vida de los santos, pero los santos son muy raros en este mundo. Por lo mismo, razonan siempre así: “Este Señor o esta Señora que graba la voz de los muertos parece sincero y honesto; pero, sin embargo, no es San Francisco de Asís o Santa Teresa de Ávila. Entonces, estas voces no pueden venir de Dios. Y si no vienen de Dios, es que vienen de los demonios”. Los protestantes son todavía más intransigentes que los católicos. De cierta forma, quedaron más ligados con el Antiguo Testamento que los católicos. Nos vuelven a sacar a cada momento los viejos textos del Antiguo Testamento: “No tendrás ningún contacto con los que comunican con los muertos, no frecuentarás a los que cometen estas abominaciones, etc., etc.” Periódicamente algunas almas devotas me mandan cartas en las cuales copiaron con mucho cuidado todos los pasajes del Antiguo Testamento (con referencias), ¡como si no los conociera! Pero, en el Antiguo Testamento se dice también: “Tú no harás ninguna imagen”. Los musulmanes, los más estrictos, no hacen ninguna imagen, ni siquiera profana. Los protestantes admiten el arte profano, pero renunciaron completamente, en contra de la opinión de Lutero, al arte religioso. Los católicos y los ortodoxos hacen arte religioso. Los ortodoxos siguiendo reglas muy estrictas. Los iconos evitan cualquier sensualidad. No se trata realmente de un arte figurativo, pero, según la muy bonita palabra de sus teólogos, sí de un arte “transfigurativo”. Los católicos no se privan de transgredir la vieja prohibición del Antiguo Testamento: ¡Hacen pintura religiosa, y desgraciadamente a veces demasiado naturalista y bastante sensual, demasiado lejos de lo que debería ser un arte sagrado!

Sin embargo, católicos como ortodoxos tienen razón de hacer arte religioso pues, con la encarnación de Dios, algo cambió profundamente. No nos podemos quedar indefinidamente en el Antiguo Testamento. El único texto del Nuevo Testamento que habla explícitamente de estas comunicaciones con los muertos se encuentra en la primera epístola de San Pablo a los Corintios (12,10). El apóstol enumera la diversidad de los dones del Espíritu Santo: la sabiduría, la ciencia, la fe, el don de curar, de cumplir milagros, de hacer profecías, de hablar en idiomas… pero también “el discernimiento de los espíritus”. Ya sé muy bien que seguidamente los traductores tratan de escaparse de este texto interpretándolo. Se trataría solamente del discernimiento de los dones espirituales, de los carismas, etc. Pero el griego tenía palabras para explicar esto. El término empleado por San Pablo es muy claro. Se trata de los espíritus de los muertos. Es, efectivamente, uno de los papeles que deberían poder cumplir los directores espirituales: ayudar a los fieles a distinguir, dentro de los “espíritus” y todos los fenómenos paranormales, los que pueden sernos útiles en nuestra evolución y los que nos pueden perjudicar.

En la Iglesia católica, un primer incidente marcó un giro. El 17 de septiembre de 1952, en el laboratorio de física experimental de la Universidad Católica de Milán, el padre Gemelli, médico y físico atomista, hacía experimentos con el Padre Pellegrino Ernetti, benedictino de la célebre Abadía de San Giorgio Maggiore, en Venecia. Trabajaban con las primeras grabadoras que no utilizaban todavía cintas magnéticas sino hilos. Trataban de filtrar voces de cantos gregorianos para quitar las armónicas y obtener así eventualmente un sonido más puro. El hilo se rompía constantemente. Había que hacer nudos cada vez, sólidos pero lo más delgadito posible para no alterar demasiado la grabación. Desde la muerte de su papá, el Padre Gemelli tenía la costumbre de llamarlo del Más Allá para pedirle ayuda cuando tenía alguna dificultad o contrariedad. Este 17 de septiembre el hilo se rompió una vez más. El padre Gemelli exclamó como de costumbre: “¡Papá, ayúdame!”. Cuando volvió a poner en marcha el aparato ya no fueron los cantos gregorianos lo que el Padre Gemelli y el Padre Ernetti escucharon, pero sí la voz del papá: “¡Por supuesto que te estoy ayudando! Siempre estoy contigo.” Después de este incidente, el Padre Gemelli y el Padre Ernetti fueron a ver al Papa, Pío XII, para rendirle cuenta de lo sucedido. Es muy interesante notar que la posición de Pío XII fue completamente positiva. Entendió de inmediato la perspectiva de tal descubrimiento, viendo en aquello quizás el inicio “de un nuevo estudio científico para confirmar la fe en el Más Allá.”. Sin embargo, las investigaciones del Padre Ernetti se orientaron hacia otra dirección, no menos apasionante, pero bastante lejana de estas comunicaciones con los muertos. Tan importante fue esta declaración de Pío XII que, por lo tanto, no podría verse en ella una toma de posición oficial de la Iglesia a favor de la TransComunicación Instrumental o TCI. Por otra parte, me parece que nunca habrá tal posición. La Iglesia no puede hablar más que del problema moral y espiritual de las comunicaciones con los muertos en general. Son los científicos y los técnicos quienes deben pronunciarse sobre la realidad o no de estas comunicaciones. Son ellos quienes deben analizar si hay otras hipótesis posibles para explicar estos fenómenos paranormales. Estos fenómenos no se pueden explicar siempre por contactos con nuestros difuntos.

Sin embargo, sobre el problema general de las comunicaciones con los muertos, parece ser que desde hace un tiempo hay una evolución en los medios de la Iglesia. La tendencia conservadora, hostil a cualquier comunicación con el Más Allá, sigue existiendo y vigila el respeto de la “buena” doctrina. Pero otra tendencia empieza a darse a entender. En noviembre de 1996, el Padre franciscano Gino Concetti, teólogo en vista en Roma y colaborador regular del Osservatore Romano, hacía una declaración importante frente a la gran agencia de prensa italiana ANSA. Todos los periódicos más importantes italianos la retomaron, La Stampa, La Republica, Il Messagero, Gente, etc. Según estos artículos de prensa, el padre Concetti reconocía no solamente la posibilidad de comunicarse con nuestros muertos, sino también la legitimidad de tales investigaciones de comunicación, siempre y cuando se hicieran con un propósito científico o para aliviar el dolor de las personas en duelo. Insistía, al mismo tiempo, sobre la actitud de prudencia y reserva necesaria que cabe recordar constantemente. Quizás algunas fórmulas que se le atribuyen en dichos artículos eran un poco excesivas y no venían seguramente de él. Acerca de la TCI, por ejemplo, se le hacía decir que si se practicaba por medio de sacerdotes era todavía mejor. Teníamos, así, la impresión que decía a todos los sacerdotes: “¡Rápido, todos a sus grabadoras!”.

La corriente hostil de la Iglesia reaccionó de inmediato. El Padre Concetti recibió, de todas partes del mundo, cartas que le pedían explicaciones para confirmar o infirmar los propósitos que le habían prestado. Escribió entonces una carta con numerosas aclaraciones, precisando que no se trataba de un artículo que él hubiera publicado en el Osservatore Romano, a la inversa de lo que todos pensaban, pero de una declaración muy breve frente a la ANSA, agregando que los periodistas habían transformado su pensamiento, pero sin precisar sobre cuáles puntos. Me conformaré aquí con lo que me parece lo más seguro, citando algunas frases de la carta del Padre Concetti, cuya copia tengo en mano. Para el Padre Concetti todo inicia con la “Comunicación de los santos”, es decir, la comunicación entre los vivos y los difuntos, canonizados o no. No se trata únicamente de los que fueron proclamados “santos” oficialmente por la Iglesia sino de todos los difuntos que no se pusieron fuera del alcance de Dios. “El principio teológico: en donde hay comunión existe también comunicación. Pero la comunicación no se da de manera uniforme e idéntica. Sin embargo, es apropiada, proporcional a las condiciones de la persona. Se trata de comunión espiritual entre los vivos y los difuntos y, por lo mismo, diferente de la que tenemos entre los vivos. Yo creo firmemente que existe. La liturgia proclama que, cuando viene la muerte, la vida no desaparece sino que se transforma. La comunión no es entonces definitivamente interrumpida. Los padres y los amigos que han muerto nos siguen amando y asistiendo. La manera en que nos lo manifiestan quizás se nos escapa.”

Como lo podemos observar en este texto, hay elementos positivos, muy firmes, ¡pero todavía no vamos muy lejos! Los términos empleados por el Padre Concetti, según “Gente” eran mucho más explícitos. No me parece posible que hayan sido totalmente inventados por el periodista ni siquiera “manipulados” por la dirección de este periódico como él lo pretendió para defenderse. Sería demasiado largo reproducir aquí todo el artículo. Solamente tomaré algunos puntos precisos, “prestados”, de las declaraciones del Padre Concetti según “Gente”: “La Iglesia decidió ya no prohibir las experiencias de diálogos con los fallecidos, siempre y cuando se hagan con propósito serio, religioso o científico.” Que estos propósitos sean auténticos o no, corresponden a los hechos. Participé en tres ocasiones en programas de la televisión italiana, en RAI Uno, en el programa titulado “Misteri”. Recuerdo que, en el segundo programa, un eclesiástico se encontraba también en el panel. Se me confirmó más tarde que había sido enviado directamente del Vaticano, no para oponerse a mí, sino solamente para minimizar mis declaraciones. Me pidió con insistencia y en varias ocasiones, precisar en mis libros o mis conferencias que no tenía ninguna misión de la Iglesia para estudiar estos fenómenos y difundirlos. Pero reconocía que, como católico y como sacerdote, tenía perfectamente el derecho de interesarme en estas investigaciones y dar a conocer los resultados.

 Por lo tanto, no pienso que los propósitos del Padre Concetti hayan sido transformados en lo esencial en el artículo de “Gente”. Además, otros teólogos tomaron de inmediato posición en el mismo sentido, aunque lo hicieron con más reserva. Richard Neuhaus, sacerdote americano, afirmaba a su vez en el periódico católico “Avvenire”: “Los contactos con las personas desaparecidas no son imposibles”. Pero, según la revista “Vita e Mistero” se trataría, para este teólogo, de reconocer solamente la posibilidad de fenómenos espontáneos. Sin embargo, hay una lenta evolución en los medios de la Iglesia, gracias, ciertamente, al trabajo realizado en Italia desde hace más de diez años de manera ininterrumpida por la asociación “Il Movimento della Speranza”. Organizaron directamente o suscitaron innumerables congresos en todo el país para traer alivio a todos los que estaban desesperados por la muerte de un ser querido, lo más seguido a padres que habían perdido a sus hijos. Me encontré a cada vez en estos congresos con otros sacerdotes invitados como conferencistas al igual que yo, y en diferentes cuartos de estos hoteles se anunciaba la presencia de mediums a la disposición de estos padres. Todo aquello estaba anunciado muy oficialmente, sin reacción oficial de la Iglesia, ni para prohibir ni para aprobar. Al final de estos congresos, se celebraba una misa para todos los que lo deseaban y la gran mayoría de los participantes a los congresos comulgaban. En Francia, la asociación “Infinitude” organiza cada año un encuentro en la Basílica de Montligeon, cuyo fundador la consagró para los rezos a los fallecidos. Se pone más ímpetu sobre la espiritualidad que sobre las investigaciones en TCI, pero también se habla de eso, sin hacer ninguna demostración en público, insistiendo más sobre los aspectos tecnológicos y también los peligros que debemos siempre recordar y, sobre todo, sobre el sentido profundo de estos descubrimientos al servicio de la evolución espiritual. Creo que no podemos pedir a la Iglesia comprometerse más. Sería entregar los fieles a los excesos, siempre posibles, a la explotación del sufrimiento por los charlatanes, a los riesgos de invasión por almas fallecidas. En cambio, creo que sería muy importante que los sacerdotes tuvieran más conocimientos de todos estos fenómenos. En lugar de rechazar todo como ilusiones u obras demoníacas, podrían ayudar a los fieles a tener el discernimiento necesario entre los espíritus y a no volverse prisioneros de estas comunicaciones sino rebasarlas poco a poco para proseguir su evolución hacia Dios.

Comentarios de personalidades de diferentes comunidades religiosas sobre la Transcomunicación Instrumental, extraídos de un articulo del investigador brasileño Hernani Guimaraes Andrade de Colombia.

Rev: Prof. Dr. GEBHARD FREI: “Todo lo que he leído y oído me obliga a creer que las voces vienen de entidades individuales, trascendentales. Agrádeme o no, yo no tengo el derecho de dudar de la realidad de las voces.”

Rev. PADRE PISTONE, de la “Sociedad de Sao Paulo”:”No veo nada contrario a la enseñanza de la Iglesia Católica en esas voces: son algo extraordinario, pero no hay razón para temerlas, ni veo en ellas ningún peligro.”

Su Eminencia Reverendo Dr. BUTLER, Obispo Anglicano de Connor: “Estoy definitivamente impresionado y dispuesto a dejarme influenciar por este fenómeno. En cuanto al conjunto de los experimentos, ellos están, a pesar de todo, apenas en el comienzo.”

Rev. Monseñor Prof. C. PFLEGER: ” Los hechos nos hicieron admitir que entre la muerte y la resurrección, existe además otro reino de la existencia post-mortem. La teología cristiana ha dicho poco sobre ese reino.”

Su Excelencia el Arzobispo H.E. CARDINALE, Nuncio Apostólico de Bélgica, Luxemburgo y la Comunidad Económica Europea: “Naturalmente es todo muy misterioso, pero nosotros sabemos que las voces están allí para que todos las oigan.”

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