El retorno de Quirón un cambio de rumbo a los 50 años

*Escrito por Natalia Vidoz

Como sabemos, la astrología se basa en el tránsito de los planetas para predecir lo que sucederá en la vida de una persona, el desarrollo de su personalidad, su actitud ante los aspectos de la vida. Quirón es un planeta menor del sistema solar descubierto en 1977 cuyo tránsito alrededor del sol tarda alrededor de 50 años. Por ello, al llegar a esa edad, Quirón retorna al punto donde estaba cuando nacimos, y representa un renacimiento desde el punto de vista astrológico.

En la mitología, Quirón es un centauro (mitad hombre, mitad caballo), muy astuto. Al ser herido, resigna su inmortalidad para sanarse. En cuanto al planeta en cuestión, se lo llama el “incoformista” por lo extraño de su comportamiento y características como cuerpo celeste, “el que rompe todas las reglas”. Y en la astrología, simboliza aquello con lo que no estamos conformes en nuestra vida, por ello los 50 años es una edad de revolución, donde muchas personas deciden dar un golpe de timón a sus vidas y volverse más auténticos en cuanto a lo que los hace felices.

Esa edad, además, es significativa para las personas por otras cuestiones: se termina la edad reproductiva en las mujeres, significa el paso a la madurez para ambos sexos. Los hijos crecieron, ya se “cumplió” con lo que se esperaba de uno, es momento entonces de prestar mayor atención a las verdaderas motivaciones y deseos internos.

 

El retorno de Quirón un cambio de rumbo a los 50 años

Hay dos formas de acercarse a esta edad: con un entusiasmo genuino por lo que implica esta travesía ritual, o con un profundo temor. La mayoría de las personas experimenta un poco de ambos sentimientos y también periodos de vacilación entre ambos. Esa edad, marca un punto de inflexión, aún aquellas personas muy bellas notarán que comienzan a envejecer, el cuerpo pasará factura, la gravedad hará lo suyo, lo cual nos empuja inexorablemente a volvernos al interior, a tornarnos más sabios y alcanzar la madurez también en el plano emocional.

A los cincuenta años se presenta la clásica crisis de la mitad de la vida: un momento extremadamente personal, individual, profundamente subjetivo, de acuerdo con lo que cada uno es.

En Astrología, los 50 años están marcados con el trígono de Saturno consigo mismo, y desde los 52 años en adelante Saturno cuadratura consigo mismo otra vez, en su camino al segundo retorno, lo cual ayuda a envejecer positivamente. A los 50 años, los vínculos y relaciones cambian radicalmente, se revisan las relaciones con amigos, los grupos, las asociaciones, los socios y el valor que tienen en nuestra vida.

En esta instancia, nos desprendemos de todo aquello que hemos conquistado en el pasado: información, personas, familia, sociedad y posesiones para entrar en la fase final libres de todo nuestro pasado. Nos volcamos a nuestro interior, alcanzar nuestro ser más profundo, tomar contacto con nuestra alma y prepararnos para la muerte, es una etapa donde prima lo espiritual. En los tiempos que corren, los cincuenta años no son el comienzo de la cuarta fase, pero sí la preparación para la misma.

Los cambios que ocurren en “la vertiente de los cincuenta” demandara que, algunas antiguas relaciones, mueran y otras, muy pocas, sigan creciendo. Es momento de “soltar el lastre” y deshacerse de los vínculos que no nos enriquecen. El desafío es saber que personas y objetos ya no nos acompañarán en esta nueva instancia y dejarlos ir.

Por eso es que muchas parejas se divorcian a pedido de una de las partes, o se alejan de nuestra vida, o se envuelven en affaires amorosos. Muchas veces el que se aleja esta “actuando” el deseo de ambos. El “abandonado” a veces de forma inconsciente desea esa separación pero no se atreve a llevarla a cabo.

Las personas unidas por un profundo y sincero vínculo, al llegar a esta etapa, no tienen necesidad de pasar por una separación para seguir creciendo, pues su vínculo los sostiene y enriquece a ambos.

A partir del retorno de Quirón, o tal vez antes, comenzamos a dirigirnos hacia la muerte, es decir, al final de nuestra vida física en la tierra. Ya hemos pasado la mitad del camino.

Si no encontramos sentido a la vida, el miedo a la muerte puede ser atroz. Tomamos conciencia de nuestra finitud. “¿Qué voy a hacer en la ultima etapa de mi vida?”, es la pregunta que trae Quirón.

Este es el momento en que recapitulamos nuestra vida. Podemos paralizarnos, o seguir proyectando nuestro propio dolor y sufrimiento en los otros. Si sentimos que no nos hemos encaminado en nuestra misión en la vida, es momento de hacerlo.

*Escrito por Natalia Vidoz

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